La crisis y los viajes a Torrevieja

Hace algún tiempo que vengo observando con perplejidad y preocupación este tema de la crisis económica. Como todos, claro. Cada uno con sus matices y particularidades está sufriendo las consecuencias de tan inesperada situación.
Por supuesto, todo hemos adoptado medidas de contingencia, que casi todas consisten en hacer exactamente lo que afeamos a los que nos gobiernan es decir, reducir costes.
Tenemos a los bares ofreciendo desayunos con zumo de naranja incorporado, sea natural o infame. Tenemos a los vendedores del Corte Inglés de Sanchinarro acompañándonos a todas las partes de la sala, al más puro estilo zoco de Marracheck o mercado de Estambul, aunque aún no entren a regatear (todo llegaremos a verlo si esto sigue igual)
Y todos nosotros consumimos menos, Telepizza no vende porque compramos las de Casa Tarradellas y nos la tomamos en casita, e incluso SM el Rey ha dejado de cazar elefantes. Por la crisis y porque se ha jodido la cadera.
Y en esto que me lío la manta a la cabeza y convoco a las fuerzas vivas de mi casa a una asamblea en la que les planteo salir 2-3 días de vacaciones. Ofrezco diferentes alternativas de lugares y precios y finalmente toman la decisión de ir a un ibérico hotel de 4 stars en un sitio de nombre pseudo-magrebí que a primera vista no me decía nada, y que tras un concienzudo estudio en la guía Campsa, me parecía verdaderamente próximo a una localidad cuyo nombre es considerablemente más hispánico y que me decía bastante más, básicamente porque se trata de un conocidísimo destino vacacional desde los años 70.
Es decir, que unos 30 años después de hacer mi primer viaje vacacional estandar, a mi tierna edad de 13 o 14 añitos, la historia se repite. Y vuelvo de vacaciones al mismo sitio donde empezaron mis vacaciones.
Cuando me dirigía en el coche por unas carreteras ostensiblemente mejores que las de entonces, y tardando un par de horas menos que en los 70 (se podría decir también que el coche no se parece en nada al de entonces, pero como todo el mundo sabe que mi Talbot Horizon y el Simca 1200 de mi padre son incuestionablemente los mejores coches de la historia, pues no hay debate), solo pensaba en si mis hijos serían capaces de adaptarse a un planteamiento vacacional ligeramente distinto al último crucero por el Báltico. Y acto seguido, si yo sería capaz de aproximarme siquiera a la increíble capacidad que mi padre tenía para conseguir que esos días fueran los mejores que un niño podía tener en su vida.
La verdad es que no creo que nadie pudiera, por lo que me centré en objetivos mucho más terrenales, como intentar que no se aburrieran excesivamente.
Creo que entre el balón de playa multicolor de 7€ en Decathlon, y que el tiempo y las instalaciones hoteleras fueron infinitamente mejores que lo previsible, se podría decir que se consiguió la mayor parte del objetivo.
Lo que no he conseguido es erradicar la sensación de deja vu que me ha supuesto este lifting vacacional, impulsado por esta maldita crisis, que no solo consigue reducir nuestras posibilidades económicas, sino que encima nos obliga a replantearnos nuestros valores más profundos. Con lo cómodos que nos encontrábamos en eso que se llamaba “estado de bienestar” y que yo empiezo a llamarlo “estado de anestesia”

P.D.: Mirad el cambio de comportamiento vacacional

http://www.iet.tourspain.es/es-ES/estadisticas/familitur/Mensuales/Nota%20de%20coyuntura%20de%20Familitur.%20Enero%202012%20y%20avance%20abril%20de%202012.pdf

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