Los términos comodín

Debe haber un lenguaje, posible cuando menos, que recoja la totalidad
del mundo en sus palabras y, a la inversa, el mundo, como totalidad de lo representable, debe
poder convertirse, en su conjunto, en una enciclopedia» (Foucault)

La extraordinaria difusión de los sistemas de comunicación basados en la telefonía móvil, y especialmente los SMS y sus derivados (whatsapp y otros), han propiciado la creación de verdaderos lenguajes alternativos, que seguramente están basados en los idiomas tradicionales, pero que plantean la aparición de términos y palabras que en realidad no son exactamente neologismos tal y como nos lo explicaron en clase de Lengua, sino que tienen un fundamento criptológico más propio del antiguo Egipto, y con la dificultad añadida de que la piedra Roseta no la podemos llevar en el bolsillo para descifrarlo.
Los que pasamos holgadamente de la treintena (y no digo cuarentena porque suena a infección), nos enfrentamos a un terrible dilema : mantener la tradición purista como nos enseñaba el maestro Lázaro Carreter en el adoquín de Anaya 2º BUP o sucumbir al encanto de la inmediatez y misterio de la escritura simbológica moderna.

En mi caso he tomado rápidamente partido por el clasicismo, básicamente porque me salen sarpullidos si me falta una coma en una orden de tratamiento, como para hacer contracciones o simbologías inventadas. Es verdad que mi caligrafía es tan críptica como los SMS, pero lo puedo medio comensar con el teclado.

En esta cruzada heróica y derrotada de antemano, me encuentro con el espíritu sintético juvenil que me rodea por doquier, que inmisericordemente va arrasando con los últimos vestigios de la semántica tradicional y destrozando los principios básicos de la sintaxis, confundiendo el sujeto, verbo y predicado con las interjecciopnes, exclamaciones y emoticones.

Al surgimiento de este nuesvo sistema de comun icación, le añadimos la tendencia ya conocida de nuestro idioma castellano a la simplificación, reducción del número de palabras utilizables, y al fenómeno de las palabras comodin.

Este último se refiere a la utilización de vocablos que vienen a significar cualquier cosa dentro de una frase y en la que unos se debe guiar por el contexto, estado de ánimo o condiciones meteorológicas para poder intuir qué diantres puede estar queriendo decir nuestro interlocutor. Algo así como el adjetivo “nice” en inglés, que en realidad puede querer decir “bonito” o “de todo menos bonito”, en función del contexto.

Si al hecho de la existencia de las palabras comodín, le sazonamos con un poquito de juventud y un mucho de sexo femenino, podemos encontrarnos en medio de conversaciones que partiendo de un hilo argumental concreto, pueden derivar a cualquier tipo de procelosos derroteros, con la particularidad de que le son favorables a nuestra interlocutora, o evitan que ésta debe pronunciarse acerca de temas que o no le son interesantes, o le parecen escabrosos o simplemente no le apetecen abordar.

Entre éstos, mi favorita es la “palabra” o interjección o conjunción y onomatopeya, que nunca lo he sabido y que se teclea “jaj”

Después de algunos meses de nocturnas y telemáticas conversaciones, he descifrado con todo detalle el significado de la palabra o vocablo “jaj” y que significa en concreto ” lo que me estás contando me importa un bledo”

Y por tanto, cuando lo leo, me asaltan cualquiera de las posibles emociones que uno pueda tener cuando está contando algo que le parece divertido, interesante, picantón o peligroso, y que son , en función del día y la hora, decepción, hastío, cabreo, lástima, euforia o pena.

Si mi interlocutroa supiera esto , estoy absolutamente seguro de que…seguiría haciendo exactamente lo mismo, porque en realidad, también le importa un bledo la reacción que cause en mí, salvo que el tema le resulte atractivo, en cuyo caso , simplemente no dirá “jaj”

O sea que tengo dos opciones:

1/Procurar siempre hablar de lo que a ella le interese, lo que resulta materialmente imposible, porque eso no lo sabe ni ella, o

2/Procurar hablar de lo que me pida el cuerpo y que sea lo que Dios quiera

En cualquier caso, hay que reconocer que es más educado decir “jaj” que “me importa un bledo”, y desde ese punto de vista, eso ya es un avance

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