Wiwichu

We wish you a Merry Christmas;
We wish you a Merry Christmas and a Happy New Year.

No puedo evitarlo. Cuando empiezan a acercarse estas fechas, recibo una andanada de energía y felicidad de la que no mejoro hasta después del Roscón. ¡Qué le voy a hacer! Yo sé que esto no es muy popular últimamente, pero el espíritu navideño empieza a traspasar los poros de mi piel (muy probablemente por ósmosis, pero no lo tengo claro), y me pongo que no me aguanto ni yo.

Lamentablemente no puedo gozar de las Navidades escolares, aquellas que empezaban con la Lotería y terminaban cuando estabas loco por recitar a tus compis del cole la interminable lista de presentes epifánicos; por cierto que siempre que hacía eso, me parecía que no tenía motivos para estar tan contento, porque siempre había algún vacilón al que le habían traído a la vez el Cine Exin, el Exin Castillos y el balón de reglamento, casi seguro también Exin.

 En cambio ahora, la mitad de ellas las paso trabajando y la otra mitad recuperándome del trabajo realizado. Eso sí, las disfruto por delegación. Delego el disfrute navideño en los muchachos, y ellos a su vez me eligen como Delegado de Adquisiciones para arrasar con las tiendecitas correspondientes a su periodo etario: De pequeñitos Toys R Us (siempre he pensado que la R era de Recochineo de los padres pringados), más adelante los Centros comerciales varios, y últimamente honestos comercios multinacionales especializados.

Tampoco me quejo de eso. Me apasiona comprar regalos, porque pasa como con los cocineros, de cada platito pruebo un poco. Es decir, de cada n bolsas, alguna me cae, que para eso firmo o pongo el pin según el caso.

Cierto es que mi labor de proselitismo navideño cada día es más complicada e incluso diría que hay que andar con mucho ojito no se me vaya a ofender el personal. Para empezar, te miran raro, como diciendo “pero éste es que no está en el mundo?”, “están las cosas como para felicitaciones” Desde luego empiezan a aparecer imitadores modernos de Ebenezer Scrooge, que se empeñan en aguar las fiestas a los demás, e incluso pretenden descalificar las Navidades con el tibio pretexto de que todo es una leyenda y una superchería, y que históricamente no se sostiene. Hay un alemán por ahí que dice que en el Portal de Belén no había mula ni buey, y que los Reyes Magos eran andaluces. Nos ha recortado a la mula y el buey y se mete con los del sur. Desde luego, es alemán.

También he escuchado argumentos muy personales para justificar la aversión navideña: “Salir en Nochevieja es una tontería, te gastas un pastón y para eso puedes salir en cualquier otra noche del año” Desde luego, pragmático es. Pero es que Nochevieja no es cualquier otra noche. En cualquier otra noche igual estás en la cama a las 22:00 si la tv o el internete están aburridos. Otras noches cenas fruta o yogures y en Nochevieja hay que andar con cuidadito con las uvas asesinas. Por tanto, no es cualquier otra noche.

Y en Nochebuena poco más menos lo mismo. Cada uno lo celebra a su manera, pero de ningún modo es una noche normal. Yo recuerdo perfectamente las apreturas de espacio que pasábamos en el Sahara (Quiero decir en la calle Sahara, Villaverde Bajo, sede oficial del encuentro navideño), como recuerdo que una pila de gente se concentraba absorta en juegos tan multimedia como la lotería (versión clásica del bingo moderno, pero sin cartones ni retus, y sospecho que con más trampas que un oriental film)

Sin duda, hoy no es lo mismo. Si en su momento hubiese los actuales controles de alcoholemia, media familia hubiese dormido en la comisaría nochebuena sí, nochevieja también. Podemos elegir la cadena de tv que da las uvas, sencillamente porque hay más de una. No es imprescindible ver el programa de variedades folclórico-ibérico, porque hay dos mil opciones más youtube. Y ahora esperamos regalos de un personaje nórdico de leyenda del que en su momento habíamos oído hablar muy vagamente.

Pero como os decía, lo mío no tiene cura alguna. A mi optimismo inveterado consustancial, las Navidades le meten un pequeño refuerzo que consigue hacerme verdaderamente insoportable en estas fiestas. No es por lo que hago, sino por cómo me siento. 

Quizá sea eso que decía Valdano de que el fútbol son estados de ánimo, por lo que hoy he recibido el refuerzo perfecto a mi nirvana navideño, en forma de un archivito de 6 páginas  y escasamente 3Mb, que aparentemente contiene información científica, pero que el ángel que lo envía y una servidora sabemos perfectamente que no es más que un simple envoltorio, porque parafraseando a Dashiell Hammet, guionista de la película “El Halcón Maltés”, el archivo no está hecho del material del que se hacen los sueños, sino del material del que están compuestos los recuerdos, y dentro de ellos, de la subcategoría que contiene a aquellos que contribuyen a la forja de la personalidad, del núcleo duro de lo que somos. No todos los recuerdos significan lo mismo. Lo de hoy ha significado mucho.

Cuando me serene un poco y vuelva a mi éxtasis navideño, quiero que este Mercurio que me ha proporcionado tanta felicidad sepa que también me va a proporcionar una dulce venganza familiar, en forma de tantas copias como asistentes a la comida navideña. Más o menos como se decía en nuestra época de Navidades de la España de los 70: ” Me van a oir ” En este caso, usando un lenguaje más directo, no van a tener más cojones que leerlo o escucharme cómo lo recito de la A a la Z entre el consomé y los langostinos.

Wiwichu for all

Feliz Navidad a todos (para los no bilingües)

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