El derrape cerebral

Tengo cierta curiosidad por saber si los lectores de estas líneas se han percatado de que vengo remoloneando unas cuantas semanas de mis deberes “literarios” Es verdad que ayer una lectora me afeó levemente mi conducta irresponsable, pero no es menos cierto que tanto la falta como la penitencia fueron tratadas con una severidad  inversamente proporcional al cariño que me profesa. Vamos que fue un leve tironcillo de orejas.
Pero esa soportable regañina me sirvió para obtener dos inesperadas revelaciones:

  1. Que me lee
  2. Que me proporcionó el título de mi entrada de hoy

No tenía en absoluto la intención de perforar la celulosa hasta al menos el próximo fin de semana, debido  a un mix entre los ritmos circadianos, mi pereza habitual y uno poco de mala leche que me viene acompañando desde hace algun tiempo.
Y en estas circunstancias, que me dan el título mascado.
Y ya, ¿que se supone que debía hacer? Pues una vez traspasada la barrera, no hay más remedio que seguir hasta el final. Y en estas me hallo.
Permítanme los lectores que guarde el suspense hasta el final, en cuanto al significado del título se refiere, o al menos a los orígenes del mismo, y pasemos a hablar de posibles interpretaciones alternativas.
Profundizando como siempre en las fuentes, y tratándose de significados de las palabras, podemos optar entre el Marca, que siempre oferta diferentes opciones semánticas a un mismo vocablo, y todas ellas de gran riqueza metafórica o dicho de otra forma, que las utilizan de forma absurda y disparatada, pero siempre madridista, o alternativamente, la fuente más ortodoxa y utilizada por este cronista, el Diccionario de la Real Academia que, con menor valor metafórico que el Marca (of course), siempre arroja una luz en el eterno camino de Damasco que supone el entendimiento correcto y riguroso de nuestro idioma.
A la vista (iba a decir a la lectura, pero es que lo he mirado en Internete, y no se si es lo mismo), de las aclaraciones de la Academia, me he encontrado con un terrible problema de muy difícil solución: El término derrapar proviene del francés.
Y a ver qué hacemos ahora. Si tenemos que utilizar una palabra que proviene del francés, es sin duda porque se puede utilizar para alguna cabronada, para faltar o molestar al prójimo, para enaltecer al gabachío popular o para alguna cochinada erótico-festiva, que es lo que suele pasar con los galicismos.
Por si hay algún escéptico al respecto, no hay más que enumerar alguno de los más afamados: bricolaje (una cabronada como hay pocas), cómoda (que es un mueble que no hay dios que pueda mover, ocupa un montón no es nada “cómoda”), complot (pues eso), élite (que es como decir “a donde vas, desgraciao”) , y los erótico festivos (cabaret, champaña, colonia, perfume y para rematar la jornada, hotel)
En efecto, derrapar es un galicismo que la RAE traduce como:
derrapar.

(Del fr. déraper).
1. intr. Dicho de un vehículo: Patinar desviándose lateralmente de la dirección que llevaba.
2. prnl. Ven. Comportarse de manera contraria a los cánones tradicionales de una sociedad.
Por tanto, debemos concluir que alguien que derrapa es alguien que se desvía de la línea recta, yéndose hacia algún lado, que presumiblemente no debe ser el correcto.
En el caso que nos ocupa, yo diría que si éste es el significado, me da que empezando por mi propia persona de mí mismo, y siguiendo por unos cuantos de los que me rodean y muchos de los que me pillan más lejos, va a ser que estamos derrapando una jartá. 
En mi defensa he de decir que vengo intentando seriamente corregir la trayectoria, aunque el coche (probablemente por viejo), se empeña inmisericordemente en volver a la trayectoria errónea, lo que me obliga a algún volantazo arriesgado. Pero ahí estamos.
Lo de la afección venezolana “Comportarse de manera contraria a los cánones tradicionales de una sociedad”, afortunadamente y lo digo muy orgulloso, intento aplicarlo siempre que puedo.
No tengo muy claro que la conversación que inspiró definitivamente el título y que debo (como muchas otras cosas) a las correrías profesionales de minmana, se refiriese en concreto a la utilización de galicismos en el lenguaje castellano, aunque bien podría suponer que no, puesto que aunque se hablase de accidentes, éstos estaban encuadrados en la cosa médica y más en concreto en la fea costumbre que tiene el endotelio vascular en rasgarse cuando nadie se lo había pedido.
Cambiemos por tanto, una “p” por una “e” y me hubiese quedado sin título, y vosotros sin entrada literaria. Pues bien está lo que bien acaba, y cuidado con los derrapes/mes, que vais como locos.

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