El perturbador "efecto tetera"

Probablemente alguno de mis 3.882 lectores, más o menos (véase cuñita publicitaria), recibirá con enorme sorpresa este repentino arranque Felixiano (No feliciano, sino de D. Félix Lope de Vega y Carpio, que se conoce escribía con una soltura disentérica), dados los recientes antecedentes sabáticos del autor, que casi todo el mundo ha entendido como un muy merecido resort a tanta producción literaria acumulada (todos excepto el que me ha llamado vagunzón, palabra que como él y yo sabemos no puntúa en el apalabrados, porque no existe. Yo lo sé porque lo he buscado y él porque se lo ha inventado por todo el morro)
Me gustaría señalar que esta prolífica racha, corresponde indefectiblemente a una corrección de erróneo rumbo (ver la entrada anterior) , pero mentiría como un bellaco, lo que ni es una novedad ni me avergüenza especialmente, por lo que simplemente lo señalo.
Se trata una vez más que me lo han puesto a huevo, y me han vuelto a dar el título mascado. Y así, solo un completo vagunzón (nótese el rictus irónico) podría contenerse a la hora de emprenderla con el teclado.
El título de un libro debería ser como la portada de un periódico o como el envoltorio de un regalo, es decir, el avance o anticipo de lo que te vas a encontrar después, aun que desgraciadamente esto no siempre se cumple. Te encuentras con la portada del Marca y te promete el inminente fichaje de Messi por el Alcorcón, y cuando lo lees llegas a la conclusión de que el Alcalde (culé) vendería todo Alcorcón a cambio de Messi, que no es exactamente lo mismo.
En este caso, y para mi oprobio y vergüenza, el título tampoco va a corresponder al contenido. En primer lugar porque “el efecto tetera” me perturba a mí y a honrosísimas y nunca suficientemente ensalzadas excepciones, a pesar de su extraordinaria contribución al mundo de las alergias. Quiero decir a su curación o mitigación, no a su génesis, obviamente. Aunque si le damos un Enosa, tres o cuatro tubos de ensayo y dos pipetas de los chinos, capaz es de crearnos Ebola2. En segundo lugar porque el llamado “efecto tetera” poco tiene que ver con el té o la porcelana china. O sí, pero no importa.
Esto del efecto tetera tiene que ver con ilusiones juveniles, con curiosidad científica, con escaqueos académico-cientificoides, tiene que ver con el mundo del pin ball y el ping pong, con el Spectrum y el commodore, con Nacha Pop y Secretos. Tiene que ver con las chavalitas de la biblio que la que menos tendrá nietos a estas alturas, tiene que ver con manuales que se parecen a los libros de mis hijos como mis botas Cejudo se parecen a las de Cristiano Ronaldo. (Son botas, tienen  tacos y cordones, y ahí finaliza el parecido)
También tiene que ver con un artículo publicado en el Scientific American publicado en diciembre de 1984 por un tal Jearl Walker, que Dios tenga en su gloria (si es que ha cascado) o que Dios guarde muchos años (en caso contrario)
El articulito en sí, si uno lo lee sin carga de emotividad alguna (que no es mi caso ni de coña), es un descojone. Supongo que habrá una forma más literaria de escribirlo, pero no más exacta. El amigo Walker (RIP o no RIP), comienza un artículo en la sección Taller y Laboratorio del número 99 de la revista (joder, la que tendría que ser más seria), de la siguiente forma:
Esa exasperante tendencia que presentan los líquidos a adherirse a los recipientes desde los que se vierten se conoce como efecto tetera
Y una vez llegado a este punto, cuando todo parecía indicar que el Walker (no se si Jearl, o más probablemente Johnnie) reflexionaría y suspendería ahí mismo el artículo, pues va y sigue adelante ¡¡¡Y lo explica!!!
Aunque me encantaría atormentaros con la explicación científica, como ya lo he hecho a lo largo de diferentes generaciones familiares (ahí me he pasado), he de deciros que tan rimbonbante nombre se circunscribe al hecho de que cuando quieres llenar una taza, el fluido correspondiente, sea indefectiblemente derramado en cualquier otro sitio menos en la taza, salvo que se combine el justo punto de caudal e inclinación del fluido, o en su defecto, se utilice un cuchillo o varilla para ajustar el flujo del fluido a la ubicación deseada.
Siempre me ha parecido metafórico: O haces las cosas con la velocidad y la posición adecuadas o tienes que utilizar alguna guía. Metafórico, sin duda.
El perturbador efecto tetera

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