Del material en que se forjan los sueños

Mario Benedetti: Una parte importante de un cuento es el título: lo ilumina

Creo que era Oscar Wilde el que decía que para escribir solo eran necesario dos cosas: tener algo que decir y decirlo. Me gustaría añadir sin enmendar la plana al maestro, que además de lo anteriormente expuesto, es necesario perder el pudor y el sentido del ridículo, como he comentado en otras ocasiones. Y eso a veces es más complicado que lo otro. Posiblemente todos tenemos algo que decir, o que sentir, o que dibujar y es probable que muchos sepan hacerlo.
A veces, la barrera entre ser potencialmente capaz de escribir y hacerlo, es simplemente la ausencia del estímulo adecuado. Yo mismo, sin ir más lejos, escribo porque me relaja y me acerca a buenos amigos. También escribo porque soy vanidoso y me gusta verme capaz de hacerlo. También porque es una forma de recordar momentos de mi vida. A lo tonto, a lo tonto,  esta es la entrada nº 29  desde que sentí la iluminación creadora tras la sugerencia/orden de mi hijo Pablo, con homenaje/crítica a Proust y sus magdalenas de por medio (entrada nº 1) http://antoniadis9.blogspot.com/2012/02/proust-las-madalenas-y-la-metafora-de.html
Reconozco que en muchas ocasiones he sentido verdadera necesidad de sentarme al teclado y soltar lo que me quemaba por dentro, para sofocar el fuego creador en el punto final. Otras veces me parecía que  desatendía a las legiones de fans, y corrí a estrujarme las meninges para extraer un producto digno.
En alguna ocasión, como hoy, algo que he leído o escuchado me ha proporcionado la guía que necesitaba para iluminar el recorrido hasta la mesa cristalometaloide a la que castigo con cada pulsación.
Me imagino que a todos vosotros os habrá pasado en alguna ocasión que un conocimiento que pensabais estaba debidamente anclado a algún lóbulo cerebral, decide tener vida propia y esconderse cuando uno no es que lo necesite, pero lo echa de menos para alguna pequeña apuesta que tiene con algún incrédulo, o como en este caso, conmigo mismo.
Me enojo enormemente con la propia persona de un servidor cuando se me olvida la capital de Swazilandia ( en realidad son dos,  Mbabane, sede administrativa y Lobamba, sede legislativa y real. De Lobamba, lógicamente me acordaba bien, pero olvidé el nombre de Mbabane. Imperdonable) Y mucho más si se me olvida el cuarteto de K-4 medalla de plata en Montreal, que cualquier aficionadillo al deporte sabe eran Celorrio, Díaz Flor, Herminio Menéndez y Ramos Misioné) Supongo que comprenderéis como una reacción de cualquier persona con un mínimo de sangre en las venas, abalanzarse ipso-facto sobre las enciclopedias más próximas en 500 m. a la redonda para refrescar el dato y tirarse de los pelos cuando lo encuentras.
Pues una de estas tiene que ver con Bogart: No recordaba si la mítica frase que pronuncia Sam Spade, el personaje del detective que encarna Humphrey Bogart, y que da título a la entrada de hoy, figuraba en la novela original en la que se basa la película o es un añadido del Director de la cinta, John Houston.
No lo encontré en el libro original de Dashiell Hammett, y por lo tanto deduje que era una “morcilla” de Houston, pero la duda seguía en mi ánimo ¿y si era un problema de traducción?
Así que vuelta a la investigación y finalmente encuentro la respuesta: la frase no es del libro de Hammett, sino de la última obra de Shakespeare, “La Tempestad”
En condiciones normales (de una persona normal quiero decir, lo que obviamente no es mi caso; si hasta hoy no estaba claro, a partir de esta entrada, pocas dudas quedan) aquí se acaba la investigación, este asunto no se le comenta a nadie por razones obvias, y listo de papeles. Dadas las circunstancias es decir, que estoy chiflado, pues intento localizar la obra de Shakespeare y leerla, con un par.
Afortunadamente, todo tiene un límite, y el mío llegó cuando leí el argumento, y me pareció que sería de Shakespeare, pero puestos a hacerle homenaje a la película, casi que prefería a Hammett, como cualquier persona de a pie. Será un sacrilegio, pero dónde va a parar. No es que vaya a cuestionar la calidad literaria de Shakespeare, entre otras cosas porque nadie me haría ni caso, sino que en la vida a veces hay que homenajearse a uno mismo antes que a otro, y yo me lo paso mucho mejor leyendo a Hammett, como otros prefieren el Sálvame de Luxe al National Geographic. Aquí se me ha ido la mano, probablemente.
Y todo esto venía por el título de la entrada, “Del material en que se forjan los sueños” Y pensaba yo que no se qué material será ese, pero el de los míos, otra cosa no será pero duradero, un rato. Mis sueños son tan perennes como yo llegue a serlo, y eso no es más que una inferencia estadística. Si hasta la fecha de hoy tengo los mismos de siempre y yo soy el mismo de siempre, pues eso va a querer decir que seguirán conmigo eternamente.
Ya se que mi hipótesis tiene algunos posibles fallos:

  1. Que puede que mis sueños hayan durado hasta hoy, pero que mañana sean otros
  2. Que mis sueños en realidad no sean los mismos de siempre
  3. Que yo no sea el mismo de siempre
Descartando la primera por mi proverbial tozudez, y la segunda porque no, solo me queda la tercera, donde tengo muchas más dudas. Hombre, desde la época en la que me llamaban por el título del blog, Antoniadis pero sin el 9, y hasta la fecha de hoy, han pasado cosas buenas, malas, regulares y mediopensionistas, que por supuesto han hecho mella en mí, en mi personalidad y en mi comportamiento. Como mi amigo Luis decía hace poco, La experiencia es aquello que adquieres cuando ya no la necesitas. Y nadie puede ser inmune a las experiencias vividas.
Pero aunque yo no sea el mismo, mis sueños siguen siéndolo, de eso no me cabe duda, como tampoco me cabe duda de que los alcanzaré más tarde o más temprano, porque puedo, porque quiero y porque los merezco.
Y como una herramienta básica en la consecución de los mismos, seguiré escribiendo de ellos, porque “Al escribir proyectas un mundo a tu medida” , como decía el novelista Fernández Santos. Yo quiero un mundo que no sea a mi medida , sino a la medida de mis sueños, porque ellos me iluminan y yo los sigo a toda pastilla.

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