Cincuentones

CINCUENTONES

Aceptar la realidad de una de las actitudes vitales más rentables y eficientes posibles que se pueden adoptar en la vida. En primer lugar porque la realidad es tozuda, se empeña en mantenerse ahí, te guste o no te guste, te apetezca o la detestes. Eso no quita para que de cara a los demás o incluso a tí mismo, existan pequeñas consideraciones subjetivas sobre la misma que creo yo, podrían presentarse de forma más suave, estéticamente más adornada, como las bolsas multicolores que te ofrecen en los honrados establecimientos comerciales orientales cuando acudes a ellos en forma de socorrida última opción para cumplir con un compromiso en forma de presente cumpleañero. Te habrás gastado 4,75€, y en la bolsita otro tanto pero el efecto, conjuntamente considerado, ofrece cierta prestancia.
Eso mismo estaba yo pensando cuando la que era compañera y amiga, pero que en virtud de la conversación, como todo el mundo entenderá, tiene suspendido el status y va a sudar tinta china para recuperarlo, se le ocurrió utilizar su notable desparpajo e insultante juventud para ofrecer una cruda y descarnada opinión sobre los que nos acercamos al medio siglo.
De nada le va a servir el patético intento de corrección al respecto de que aún me faltan unos meses para alcanzar la cincuentena. Bastante sensible estoy yo al respecto como para pararme en barras por unas pocas lunas. Ha sido suficiente un comentario inocente en el que figure la palabra cincuentón para que toda mi frustración acumulada haya tenido que buscar la noble escapatoria de estas líneas.
Para que nadie pueda acusarme de rencoroso y vengativo, ya me adelanto yo a acusarme: en efecto, estoy aprovechando este cibernético púlpito para servir este plato no tan frío en el que me defiendo atacando o en el que ataco defendiéndome, que no lo tengo muy claro, y lo hago porque no quiero aceptar la cruda realidad cronológica, o quizás la popular creencia de lo que alcanzar esta cifra significa, especialmente para los que aún les queda un montón para hacerlo.
La teoría del marketing de toda la vida, la que se aplica para vendernos la moto (en sentido figurado y a veces real), se basa en destacar los puntos fuertes de tu cliente y/o producto y minimizar o no mencionar aquellas debilidades y flaquezas que pudieran retrasar o anular una presunta compra. Esto tiene una inmediata aplicación en las relaciones sociales, de hecho, son las mujeres las que consiguen llevar esta teoría a la práctica como nadie, a través de múltiples esfuerzos de seducción encubierta que precisamente se basan en la teoría de resaltar lo bonito y ocultar lo feo, en el muy improbable caso de que exista.
Por esa razón me sentí especialmente dolido, porque conociendo cómo las mujeres son capaces de vender cualquier moto perdón, son capaces de destacar lo admirable y ocultar lo menos agraciado, el terrible y cruel atrezzo dialéctico con el que se pronunció el desagradable adjetivo (en realidad no es un adverbio de tiempo, es un pedazo de adjetivo negativo tan grande como la torre Picasso), mi temporalmente suspendida de rango amiga y compañera, fuese capaz de pronunciarlo sin ningún tipo de afecto verbal, comprensión, misericordia o piedad.
Una reacción de un maduro cincuentón, entre los que NO me encuentro, (especialmente por lo de maduro), sería tener compasión por la ignorancia que se demuestra al meterse con los que son más viejos que uno, porque el tiempo inmisericordemente te pone a su altura en algún momento, y por muy pizpireto, dinámico o juvenil que se pueda llegar a ser, las gafas de leer, o el PSA nos están esperando a la vuelta de la esquina.
Siguiendo con los elementos que debiera incluir una madura réplica, está la ausencia de experiencias vividas que te da la juventud, asunto en la que obviamente llevamos ventaja. Cada uno tienes las suyas, pero aunque sea en una perspectiva histórica objetiva, estos pipiolines se han perdido la muerte de Franco, la de Chanquete, el UHF, la yugoeslavia de Tito, 12-1 de Malta, el Cordobes, y el Senda de Literatura de editorial Bruño, por no hablar del regaliz de barra negra y casi de los futbolines.
Al terminar este párrafo, casi me siento reconfortado por todo lo que he vivido y ellos no, aunque la sensación de paz se va progresivamente diluyendo cuando recuerdo que ellos tienen internet, El Mundial y las Eurocopas, la NBA, la Play y el whatsapp, y me vengo abajo cuando reconozco que cualquier tiempo pasado no fue mejor, quizá algún tiempo pasado con alguna gente con algún cariño, alguna amistad y algún amorío. Pero no todo era maravilloso y terrible ahora ni a la inversa.
Ese hecho no va a hacer que tenga piedad y restituya a mi antaño amiga y compañera a su status anterior. A lo mejor lo consigue el hecho de que es estupenda, y mirándolo bien debería agradecerle que se metiese con los cincuentones en mi presencia, porque igual es que me conservo tan aceptablemente que no me relacionó con ese estigmatizado colectivo.
Sea por eso y mucho más porque las últimas conjunciones astrales me tratan bastante bien, esta entrada se la dedico con mucho cariño, tanto a ella como a las últimas alineaciones de planetas.
Seguramente pueda perdonarla si mantiene la política de moderación en avisos nocturnos a los médicos de planta.

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