Un mundo feliz

Aunque esta entrada tiene título de redacción de colegio para presentar a concurso, he de decir que no me apetece ni un poquito comenzar a discernir al respecto de un concepto tan personal, etéreo y utópico como el de enumerar o detallar las características de lo que en mi particular visión podría ser un mundo feliz.
A lo mejor se trata de mantener una situación próxima a la actual, con alguna sugerencia de pequeños cambios en aspectos concretos y probablemente materialistas, o pudiera tratarse de un cambio radical de lo vivido en la actualidad, o quizás el planteamiento pudiera ser completamente revolucionario, afectando a mí, a los míos y a la sociedad en su conjunto.
Además, escritores muy señalados han plasmados sus ideas de forma mucho más brillante de la que se me ocurriría a mí, aún viviendo tres vidas seguidas de a cien años cada una, por lo que me parece que además de cansado y complejo, este propósito pudiera ser un tanto soberbio y pretencioso.
Luego está la cosa de la utilidad o importancia relativa que el hecho de poseer una opinión sobre cómo debiera ser el mundo para considerarlo feliz, pudiera o pudiese tener la más mínima influencia sobre cómo va a ser realmente.
Decía Marco Aurelio que era una tontería preocuparse del mundo, porque el mundo no se va a preocupar por ello. Aunque suene un poco paradójico en un tipo que se fue a hacer la guerra en sitios como la actual Siria, se supone que sin armas químicas, es conveniente recordar la enorme influencia que filósofos como Lucio Anneo Séneca, probablemente el máximo representante de la filosofía estoica, ejercieron sobre Marco Aurelio. Seguramente que también pudo hacerlo el paisanaje, ya que ambos nacieron en la provincia de Córdoba. Conviene señalar que la caló de Córdoba en pleno mes de agosto puede hacerle a uno volverse estoico, o lo que haga falta.
Sin entrar en tanto estoicismo, el título de la entrada de hoy ha sido elegido en homenaje al famoso libro de Aldous Huxley, que me ha acompañado unos días en la bolsa de la playa, junto con las palas, la pelota, las toallas y los pareos. Como siempre, inasequible al desaliento, he tratado de transmitir a mis muchachos el inmenso placer que me proporciona la lectura por segunda o tercera vez de las aventuras de los alfas y los betas, obteniendo un respetuoso silencio misericordioso por ambas criaturas. No consigo que se sumerjan en mis obsesiones literarias, pero probablemente debido a la excelente educación y respeto al protocolo familiar que se ha intentado transmitirles, últimamente no les he visto hacer aspavientos, y ya ni siquiera me lloran. Un día de éstos, aprovechando que estén dormidos, pienso colocar un ejemplar de cualquier novela de Raymond Chandler o un poema de Neruda, y esperar a ver si consigo un trasvase de conocimientos a través de la almohada, bien sea por ósmosis o quizás mejor por enlaces covalentes.
“Porque los detalles, como todos sabemos, conducen a la virtud y la felicidad, en tanto que las generalidades son intelectualmente males necesarios”
Tengo que confesar aquí, entre nosotros,  que el libro, aunque me gusta una barbaridad, por el derroche de imaginación y sabiduría, y muy especialmente la capacidad de predicción que un tipo de 1932 ha podido tener de alguno de los males de nuestra sociedad actual, nada menos que 80 años después, consigue que me considere una especie de cateto intelectual, porque yo no solo no me atrevo a semejante cosa, sino que no tengo nada claro lo que voy a hacer mañana por la mañana.
A la vista de que las vacaciones no son un periodo adecuado para que uno empiece a considerarse una especie de analfabeto funcional, decidí terminar el libro y cambiarlo por una novela policiaca ambientada en Barcelona, y cuyo protagonista es un Inspector de Policia español, de origen argentino. Fijaos cuan acertada elección para  desengrasar, considerando que pocas cosas en el mundo me interesan menos que la Barcelona contemporánea y las andanzas de un Inspector argentino. Pues si no quieres caldo, dos tazas. Página no se cual, pero de las primeras, y el autor pasa a citar frases textuales de qué libro…? Pues sí, de Un Mundo Feliz.
“Porque los detalles, como todos sabemos, conducen a la virtud y la felicidad, en tanto que las generalidades son intelectualmente males necesarios”
Los detalles. A ver si se va a tratar de eso. De que cada uno de nosotros pueda confeccionar su propio mundo feliz a partir de un puzzle, un collage o un mecano de detalles que, quizás perfectamente ensamblados, o incluso forzando o recortando las piezas para su encaje, nos hiciera que el soma, aquella droga de la felicidad imaginaria de Huxley, fuese innecesaria, superflua, y en caso de emergencia, se sustituyera de forma eficaz con una charla con los amigos, una partida de mus, una tumbona en Gandía o, si la ocasión lo justificase, la magdalena de Proust vs. el espirituoso preferido del lector (véase entrada nº 1 del blog)
No obstante, y por si pudiese funcionar, en lugar de poner grabaciones a los bebés como en el libro, para conseguir su correcto adoctrinamiento social, procedo a colocar sendos ejemplares del mismo debajo de las almohadas de los niños. Mal no creo que les vaya a venir. Y si van y los leen, ya ni os cuento.

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One Comment

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  1. Aysh, me desorino. Perdón por ser soez, pero me ha hecho mucha gracia. Lo de la ósmosis no funciona, yo puse en una entrada que no comiéndose el papel se adquieren los conocimientos. Me lo dijo, eehhhmm… Un amigo.
    Y comparto tu opinión sobre lo acertado de la visión de Huxely, desgraciadamente.
    En fin, un mundo no tan feliz en el que todavía no he descubierto qué puedo hacer, de ahí que de vez en cuando me de por el cinismo…

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