Reflexiones A Vuela Pluma

Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Nunca había prestado excesiva atención a tan simple y conocido refrán o dicho o simplemente metáfora. Incluso podría confesar que siempre me ha parecido una chorrada. Probablemente porque he tropezado en la misma piedra una y otra vez, y no me considero un torpe cuadrúpedo. Si acaso un ingenuo.
En realidad, estos refranes o contundentes expresiones, en mi opinión no son más que una patética forma de extender en la sociedad lo que no es más que un simple punto de vista.
Y esto me lleva a pensar cuan sencillo es hacer este tipo de cosas en esta época. Puedes idear una frase contundente y sonora, y fabricar un eslogan que triunfe en las redes sociales, independientemente de que carezca de sentido, o de que sea abstracto, genérico, vacío o superficial
Me atrevo a proponer la idea de que en realidad la diferencia entre las fábulas y los tweets contundentes, es escasa o mínima. Así, a vuela pluma, que Esopo o Samaniego disponían de más de 140 caracteres. Pero en la intención de twiteros profesionales y fabulistas clásicos, está presente el espíritu moralizador. Sea de un pensamiento, un posicionamiento social o político o de una tendencia de estilo.
No hay ninguna duda que la opinión pública es el motor de nuestra sociedad, a pesar de lo que pudiera parecer. Las decisiones, las estrategias, las alianzas de aquellos que nos gobiernan están basadas en las encuestas, que se supone representan nuestro punto de vista, nuestra percepción de las cosas que hacen o dejan de hacer. Siendo así, considero un serio problema para nuestros gobernantes y para nosotros mismos, el hecho de que cualquier persona pueda transmitir cualquier idea o pensamiento, y éste pueda ser amplificado de forma viral e incontrolada. Es decir, si nuestros gobernantes actúan a merced de la opinión pública, lo que en mi opinión es evidente, y existe una herramienta sencilla, barata e incontrolada de crear opinión pública, ya pueden prepararse para tomar decisiones que probablemente les suponga un problema político, ético e incluso moral.
Por otro lado, tenemos la absoluta obligatoriedad de conservar la libertad de expresión como uno de los derechos más irrenunciables del ser humano. Me considero terriblemente beligerante a favor de su conservación en los términos actuales y probablemente su ampliación en casos concretos. Y este derecho, puede llegar a colisionar seriamente con la capacidad regulatoria o control del mismo.
Considerando que no podemos aspirar a elegir la mejor de las formas de gobierno posibles, lo que Sócrates llamaba el “gobierno de los mejores”, por su imposibilidad de llevarlo a la práctica, y que debemos de lidiar con las imperfecciones del mejor de los modelos de gobiernos realizables, la democracia, mucho me temo que tendremos que acostumbrarnos a furibundos procesos de transformación en nuestra opinión pública y por tanto en nuestra gobernabilidad.
Teorizo que a nuestra Sociedad actual no vamos a poder reconocerla en un plazo de tiempo muy breve. La extraordinaria difusión en nuestras vidas de los medios virales de relación va a cambiarlo todo y va a remover los más firmes cimientos de nuestra sociedad. Y quiénes manejen esos medios, harán lo propio con nuestra sociedad.
¿Qué diferencia hay con respecto a épocas anteriores? Pues sin duda la velocidad. Y la capacidad de extensión del mensaje. Pensemos que el periódico tarda en salir 1 día, y que los programas de TV no son continúos, la mayoría de ellos. En cambio hoy en día, twitter es inmediato y tiene máxima difusión.
La presencia de estos nuevos medios de relación, podría inicialmente ahondar la brecha intergeneracional, debido a los diferentes niveles de acceso entre los colectivos de mayor edad y los más jóvenes. Probablemente sea algo temporal, porque los futuros abuelos ya estamos preparados para manejar las nuevas tecnologías con cierta solvencia, pero me atrevo a asegurar que los mensajes socio-políticos llegarán a los jóvenes, y probablemente conseguirán un cambio de percepción y de tendencia de éstos, en relación a los conceptos sociales y políticos vigentes.
Personalmente, y dado que hasta la fecha no se ha demostrado que existan mejores resultados sociopolíticos con el sistema actual, tengo una cierta disposición favorable a los cambios que nos esperan a la vuelta de la esquina. Pero confieso que me preocupa seriamente la difusión de determinadas ideas y valores. Lo siento, yo no opino que todas las ideas sean respetables. Coincido con Aurelio Arteta. Lo que es cierto es que existe el derecho de expresarlas, por muy profundamente equivocadas que estén. Pero eso no le otorga automáticamente el grado de respetabilidad.
Contrasta significativamente lo anteriormente expuesto con la expresión de ideas propias u originales en un libro. Si alguien pretende explicar sus opiniones en un libro, necesita pasar por una serie de filtros, que si bien no garantizan la aceptabilidad automática de las ideas expuestas, nos ofrece una cierta garantía de su sostenimiento intelectual. se supone que lo han visto editores, directores editoriales, correctores de texto, etc. En cambio en el tweet solo existe un filtro, el de los 140 caracteres. Eso solo te garantiza una extraordinaria capacidad de síntesis, en el mejor de los casos, y una gran facilidad para el olvido, en caso contrario.
Para apoyar todo lo expuesto, recuerdo una anécdota que me ocurrió con el Profesor de Marketing de un Master que cursé en el año 2000. Se trataba de discutir el proceso correcto para el lanzamiento de un nuevo producto. La tesis del que suscribe partía desde el Departamento de fabricación, que calcularía la viabilidad técnica del producto y sus costes de fabricación, para posteriormente proponer su precio de venta y que el Dpto de Marketing y Ventas hiciesen el trabajo de distribución. Mi profesor de Marketing me dijo algo que nunca olvidaré: Que el responsable de Marketing decidía cuanto se iba a vender y por lo tanto, el proceso debería arrancar desde allí. Le pregunté, con cierta sorna, si el consumidor no pintaba nada en esa historia, y él me dijo que no demasiado, si se invertía la cantidad adecuada en publicidad.
Esta anécdota me enseñó que la capacidad del consumidor o del ciudadano para discriminar o elegir, probablemente no sea tanta, si enfrente tenemos el suficiente potencial económico. En estos momentos se me ocurre que aunque eso pueda ser cierto, quizás hay más posibilidades para un David armado con una honda (redes sociales) frente al todopoderoso Goliath (el poder tradicional)
Lo que de verdad me cabrea es que aquellas ideas más moderadas, sensatas y viables, siempre sucumben ante el poder e influencia de la publicidad masiva, llámese internet, redes sociales o las tradicionales técnicas Goebbelianas
Once_principios_de_la_propaganda.htm
Puede ser porque los más moderados sean moderados hasta para decidirse o porque las ideas moderadas nunca podrán competir con las más radicales en marketing viral, el caso es que parecemos condenados a decidir entre establishment o radicalización, sin que parezca existir una alternativa viable intermedia.
Ante esa perspectiva, y descartando la abstención por el lógico respeto a la democracia, al ciudadano de a pie le han puesto entre la espada y la pared.
Yo quiero volver a los libros, donde suelo encontrar las respuestas a mis dudas metafísicas, y no me planteo en ningún caso prestar mayor atención a los tweets o a las convocatorias masivas. Llamadme antiguo que puedo serlo, pero borrar un libro es difícil, y no se puede poner la excusa de que te han hackeado la cuenta.

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