🏠La Claúsula Suelo

Yo encuadraría a los Bancos dentro de la Categoría “Existen y los odiamos”, a la que podríamos agregar los Impuestos, los Políticos Corruptos, la Merkel y algunos otros más.
Por ejemplo esta misma mañana he agregado a una tal Núria Picas, campeona del mundo de Ultra Trail World Tour, que no sé lo que es pero que suena a muy fatigoso. Esta joven, originaria de Cataluña, afirma que  “Visito España y tengo amigos españoles” http://bit.ly/1GsamiU . Yo la he incorporado a la Categoría por razones obvias, aunque con el secreto regocijo de que cada vez que quiera sacar un billete de avión o comprar un libro en Amazon, no va a poder encontrar País=Cataluña o Nacionalidad=Catalana.
Esto de los Bancos, no suele darnos más que disgustos, porque aún en el hipotético caso de que te presten dinero, lo que en sí mismo ya es complicado, luego le tienes que devolver lo prestado y mucho más.
Ya se que esto es una evidencia, que es su negocio, y que es legal. Estoy completamente de acuerdo.Por esa razón, cuando un trabajador de un Banco me sopla que me están aplicando lo de las cláusulas suelo de las hipotecas, y que debería hablar con mi oficina a ver si me mejoran las condiciones, recibo un extraordinario subidón catecolamínico, que me dura justo hasta que leo que existe una sentencia del mes pasado que no solamente les obliga a hacer eso, sino que tienen que devolverte pasta desde 2013. Probablemente este último extremo se le olvidó a este eficiente bancario. Menos mal que a veces leo más cosas que el Marca.
Ya me da pereza pensar en que para que me devuelvan pasta, voy a tener que montar la mundial, buscar todos los documentos, compulsarlos, hacer escritos y probablemente contratar a un letrado. Estoy por esperar que los de Podemos ganen las elecciones, porque ellos fijo que lo arreglan. No se si nacionalizando mi casa, pero que lo arreglan, es más que probable. Lo de Venezuela lo han dejado niquelado. Una democracia modelo.
Afortunadamente, mis habituales devaneos mentales, o lo que modernamente se denomina “mind maps” (en el supuesto caso de que mis procesos mentales pudieran ser representados gráficamente), eliminaron los aspectos financieros de la cláusula suelo y me llevaron a encontrar una cierta utilidad cotidiana a la misma.
Para mi propio asombro, he decidido convertir un concepto tan antipático como ese (y tan oneroso), en una inmejorable herramienta de management personal. Creo que el término en cuestión podría ser un magnífico utensilio de auto-coaching. Perdón por los anglicismos, pero los coloco aquí con una mueca de disgusto e ironía que quizá no sea capaz de reflejar en mi prosa. Imaginaos un emoticón de esos con cara de hastío de este lenguaje pseudocientífico.
He pensado que esto de la claúsula podría ser entendido como la máxima profundidad a la que uno puede caer cuando se encuentra abatido, molesto, deprimido o cabreado. Es decir, que si uno está más que harto de su jefe, por poner un ejemplo, se puede autopermitir un grado de caída a los infiernos, de nivel máximo 6/10. Bueno, para algunos jefes, quizá algo más. Caso de intentar seguir descendiendo, se desarrollaría una alarma interior, que probablemente podría gestionarse con algún app de esos.
Fijaos la enorme utilidad práctica: Uno intenta caer en picado, pero la claúsula suelo se lo impide. Sólo le deja caer una chispa. Vamos, la cantidad de líos que te puedes evitar es incontable. ¿Y qué me decís de la depresión? Pues que solo te puedes deprimir hasta la claúsula. Ni un poquito más.
Es fantástico. Barato, eficaz y completamente respaldado por las mejores Universidades de la Historia. ¿Que no? Séneca decía “la ira es el precipicio del alma, la peor de las pasiones“. Y sentenció: “la ira es para el alma un instrumento tan inútil como el soldado que no obedece a la señal de retirada
Por tanto, Séneca está a favor de la Cláusula Suelo. Quiero decir que lo hubiera estado. Seguro. Y Schopenauer decía que “la cólera no nos permite saber lo que hacemos y menos aún lo que decimos” O sea, otro a favor.
Para ser justos, insignes maestros como Marco Tulio Cicerón, adoptan posiciones más matizadas, defendiendo la ira como una clara manifestación de sinceridad: “Somos más sinceros cuando estamos iracundos que cuando estamos tranquilos” Seguramente tiene razón. Pero eso equipararía a la sinceridad como algo positivo y deseable.
Lógicamente estoy en un completo desacuerdo con Cicerón, sólo en este caso. ¿Quién puede creer hoy en día que la sinceridad es algo deseable?¿Qué puede tener de positivo que alguien manifieste sus opiniones sinceras? Desde luego, no es mi caso. Para mí, es completamente deseable que las opiniones manifestadas por terceros sean absolutamente coincidentes con las mías. Es posible que evite un debate enriquecedor para ambas partes, pero yo no recuerdo haber cambiado de opinión por el hecho de que alguien me haya convencido. Tampoco tengo claro que haya podido convencer a nadie. Claro que es perfectamente posible que haya sucedido, pero probablemente ha sido por agotamiento más que por sinceridad. Tampoco creo que eso sea tan importante. Llegados a ciertas edades, nadie cambia. Ni de opinión.
Por tanto, siguiendo el esquema Hegeliano habitual (Tesis-Antítesis-Síntesis), la tesis es mía, y sería que deberíamos tener una especie de barrera que nos impidiera caer demasiado bajo. La Antítesis la defendería Cicerón y su loa a la sinceridad, y la Síntesis ya la hago yo: que tengo razón. Como de costumbre.
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