Contenidos De Valor

Fue en la primera clase. Así, sin anestésicos ni sedantes. Curso de Community Manager. El profe dijo ” los blogs deben tener contenidos de valor para que sean atractivos para el público “
Confieso que sentí un latigazo que me despertó de forma abrupta, como cuando has trasnochado y el despertador te recuerda tus obligaciones. La duda me asaltó inmediatamente: ¿Mi blog aporta contenidos de valor?
Mientras reflexionaba este extremo, iba aportando explicaciones, justificaciones o simples excusas para el hipotético caso de que la respuesta a la pregunta fuese un “no” rotundo.
La primera de ellas es que al fin y al cabo no escribo para los lectores, escribo para mí. Y por tanto, a mí si que me aporta un contenido de valor, la autosatisfacción. Claro que si lo que redacto no es bueno, entonces no estoy nada autosatisfecho. Y encima soy egoista. Y falso como un billete de tres euros. Si no quiero que me lean no escribo un blog, escribo un word y lo guardo en mi disco duro.
La siguiente excusa, considerando que el orden es de mayor a menor fortaleza, es que escribo cosas, reflexiones, absolutamente personales y de temas generales. Y los lectores son cada uno de su padre y de su madre. Y de países y continentes variados. ¿Cómo puedo pensar en aportar valor a tanta gente y tan heterogénea? Si al menos preparase textos o comentarios de una materia concreta, podría ser más sencillo. Y si me esforzase, podría parecer que entiendo de algún tema. Con fijarse en los de las tertulias es suficiente. Igual hablan de la prima de riesgo que de la ley del aborto o la autodeterminación de El Bierzo.
Esta no es de las peores, pensé. Hay algo de razón. Si al menos supiera porqué hay gente que sigue mi blog, me haría una idea. Me da que en el curso me van a explicar que esto no puede ser ciencia ficción, que hay métodos para averiguarlo. Prometo enterarme.
Y así, poco a poco llegué a la conclusión de que en efecto, quizás no aportaba contenidos de valor. Pensé en adjuntar videos, fotografías, enlaces. Incluso en declamar mis textos, editarlo, crear un videoblog. Todo me parece bien, son formas de expresar las ideas, de hacer llegar a los demás todo aquello que quieres decir y que crees que puede interesar.
Lo que tengo cristalino es que mi blog puede no aportar contenidos de valor, no podría jurarlo. Pero no es menos cierto que necesito mucho valor para escribrirlo. No es fácil exponerse a la crítica de desconocidos, pero mucho menos a la de los conocidos, especialmente las de las personas que quieres.
Obviamente es más sencillo encajar una crítica profesional, un punto de vista distinto o matizado sobre algo a lo que te dedicas. Incluso sobre aficiones o intereses. Si te gustan las motos de carretera, escribes sobre ellas y alguien te dice que prefiere las de campo, no te afecta en exceso. Hay tantos gustos como personas. Excepto en la música. Ahí, ni una broma. La música empieza con Love Me Do en The Cavern de Liverpool y acaba en la terraza  azotea de los Apple Corps en Londres, con un poco premonitorio Get Back. Todo los demás son versiones más o menos afortunadas. Quizá exagere una chispa. Hay un tal Mozart que no era malo del todo.
Estas consideraciones me han obligado a reflexionar seriamente sobre el enfoque de este blog. Quizá debería abrirlo al mundo, llegar a más personas, utilizando las enormes posibilidades de las que voy teniendo conocimiento a través de este curso.
Lo que pasa es que si ahora mismo ya me planteo que pueda tener una vena narcisista o exhibicionista, si me dedico a promocionarlo, ya ni os cuento. Y la vergüenza que supone. Es como si la frutería del mercado del barrio, la que tiene los tomates que saben a tomate, se dedicara a venderlos por internet. Vale, que hay muchas que lo hacen. Me callo.
Luego está la incomodidad de que la gente te asalte por la calle al reconocerte como ese autor del blog de moda. Que quieran hacerse selfies contigo. Que te pidan retweets o firmas o fotos. Es que no acabo de verlo. Entrevistas, tertulias, actos benéficos por doquier. Debe ser muy molesto.
Quizá podría encontrar un término medio. Dejar al boca a boca que haga su función y que cada uno me siga si le apetece. Claro que eso es lo que estoy haciendo ahora mismo.
Pues lo único que se me ocurre es intentar transmitir cada vez mejor, con mayor riqueza gramatical, sintáctica y semántica. Rebajar el listón de mis vergüenzas y exponerme con mayor riesgo. Escribir con el corazón y con el alma. Y que sea lo que la red quiera.

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