El Trueque De Las Animas

La ubicación no era mala. En el castizo barrio de Chamberí, en una zona tranquila, pegado al Parque de Olavide, en una bocacalle a la que sólo accederías para ir a tu casa o para entrar en el local. Ni un comercio, ni un bar, ni una tienda de chinos a su vera. Tan solo portales de madera, con escalones desiguales, buzones imperfectos y garitas de portero inexistente.

Aún así, tres cuartos de entrada garantizados, cualquier día de la semana. Diría que más que cualquier otro bar de la zona, salvo por el pequeño detalle de que no estamos hablando de un bar. En comparación con las bibliotecas de la zona, ganaba por goleada. Aunque tampoco era una biblioteca. Ni un pub, ni una librería. Pero había café, libros, e incluso copas.

El propietario del local y promotor del novedoso concepto comercial no era exactamente un mecenas ni un filántropo. Y desde luego manejaba con toda transparencia su ánimo de lucro. Nadie podría sentirse engañado, porque las reglas eran muy claras. Todos las conocíamos, y todos las acatábamos con mayor o menor disgusto. Si salvabas el escalón de la entrada y la campanita sonaba, ya sabías a lo que ibas y no podías echarte atrás. El primer día te lo explicaban con total claridad. Si usted franquea la puerta, debe cumplir con las normas, sin vacilaciones ni retrocesos. A mí me costó mucho tomar la decisión, y en las primeras ocasiones, las pasé putas. Me fui adaptando poco a poco, pero no fue nada fácil, desde luego que no.

El sistema de funcionamiento venía un tanto condicionado por los peritos; Su participación era teóricamente desinteresada, y por tanto, solo acudían dos veces por semana y turno. Los fines de semana se alternaban, en una especie de cuadrante de guardias como los que se manejan en los hospitales. En alguna ocasión, bien por enfermedad, vacaciones, o ausencia justificada similar, los peritos podían ser sustituidos por alguno de los socios (título honorífico, porque no existía ningún tipo de carnet o registro) de mayor antigüedad. El propietario, Maese Luis, los avisaba con una imperceptible seña, y de inmediato se preparaban para la recepción de los diferentes trabajos, en virtud de su disciplina favorita, o simplemente en la que eran más duchos. Al no ser peritos, todos nos peleábamos por sus favores, dado que normalmente eran mucho más magnánimos que los peritos titulares, y las calificaciones obtenidas eran mucho mejores. También es cierto que si un profesor sustituto te califica con un diez, por supuesto que es válido, pero no es lo mismo.

No había notas como tal. El sistema de valoración se ajustaba a una escala de cero a cinco ánimas, que se colocaban en una especie de ficha personal, con cinco intentos, y de caducidad bimensual. Ahora se me ocurre que es una especie de contrasentido: Trascarnet animaspasas tu ánima, y ellos te recompensan con unas cuantas. No se si es un cambio justo, ironizo mientras escribo, porque no he conocido jamás un esquema de justicia más atinado.

Aunque teóricamente puedes representar tu alma en múltiples formas, Maese Luis tuvo que realizar una preselección, sujeta a revisión, como siempre aclara. Los tiempos van cambiando, y tenemos que adaptarnos, es su filosofía. Así, está buscando un perito de youtube que pueda asesorar sobre la calificación de aquellos que entregan su alma en una especie de corto cinematográfico. Ha habido muchas reticencias entre los socios, pero Maese Luis no es uno de esos tipos que comparte el gusto por la participación del usuario y la satisfacción del cliente. El mensaje es bastante unidireccional, reconozcámoslo. Pero es el mejor en su campo.

De momento, podemos “desnudarnos” a través de la poesía, la prosa, la escultura, la composición musical, el canto y el dibujo (Maese Luis ha vetado la pintura porque el local no tiene salida de humos ni ventilación, y los pintores traían los lienzos húmedos, de tal forma que los peritos comenzaban a calificar sin ton ni son, seguramente debido a los efluvios procedentes de los hidrocarburos aromáticos de disolventes y óleos) Por pura convicción, Maese aplica un coeficiente reductor a las manifestaciones musicales, porque dice que cualquier matao puede hacer música con un ordenador de cien euros. No digo yo que no, pero los que tenemos esa excepcional confrontación con la afinación, nos permitimos discrepar en silencio.

Los novatos suelen cometer un error infantil, en todas y cada una de las composiciones de cualquier tipo. Se afanan en presentar un producto correctamente maquetado y técnicamente irreprochable, pensando en la calificación máxima, las cinco ánimas. Santa Inocencia. Se llevan un correctivo extraordinario por parte de los peritos. Aún recuerdo el que presentó un haiku para ser evaluado. Convengo en que Don Leopoldo, el perito de poesía, no cumplirá los ochenta, y que a lo mejor ese tipo de trabajos le pillan un tanto mayor, pero es que no había por donde cogerlo. Creo que decía algo así:

Mundo proceloso

Recuerda nuestro paso

Duda eterna

Don Leopoldo le atizó hasta en el cielo de la boca. No mencionó la métrica, impecable por otro lado, ni la temática, ni el vocabulario. Pero no dejo de decirle que en ese escrito no había alma, ni sentimiento ni fuerza ni generosidad, que no había nada de él, del autor, salvo que él, el autor, fuese una porción muscular sin ojos (sic) Se llevó un cero ánimas, que le impedía realizar otra aportación hasta el mes siguiente, y con la amenaza de no poder aportar más trabajos para su calificación. “Hasta que no esté usted reflejado en sus escritos, no se le ocurra volver” Imaginaos la escena. El pobre novato, compungido, triste, avergonzado. Le faltaba el laúd y el jubón para ser un trovador de oficina.

Para mi fortuna, debí caerle bien a Ray, Raimundo Floridablanca, según DNI. El primer trabajo que presenté, breve como pocos, lo colé como prosa, para evitar a Don Leopoldo, y Ray hizo la vista gorda. Apenas cien palabras y tres ánimas, la mejor puntuación del año para un novato. El tema central, la soledad entre la gente, desde luego nada original, pero debió caerle en gracia. Rezaba más o menos así:

“Sin espacio visible, sin camino avistado, perdido entre la gente. Hundido en el tumulto, Herido en mi sentir. Rodeado por el cosmos, plantado en el mundo, Sin recorrido, transitando al azar, golpeado por la realidad, presionado por mi alma.

Buscando una salida, implorando una amistad, vigilante ante el amor. Solo, en soledad. Triste, en la tristeza. Realista en demasía, negativo, quizás.

Claro que te he visto, claro que en tí creo, Eres mi esperanza , mi garfio, mi salvavidas, Pero aquí, en las catacumbas de esta ciudad, no veo la manera de alcanzar la superficie de tus labios, ni el calor de tus abrazos, ni la energia de tus ojos”

El caso es que mi debut me permitió asistir expectante a los trabajos de otras personas, que como yo, demandaban atención, valoración y confort, lo que podrías obtener en el local de Maese Luis, simplemente dejando tu alma en pública exposición. A cambio, podías apropiarte del alma de otra persona, con la esperanza de que pudiera servirte en este difícil mundo, en el que no basta con un alma, hay que llevar la mochila repleta; a veces para reparar, a veces para reemplazar, y otras simplemente, para subsistir.

Seguramente, el amigo lector podría llegar a pensar que con la suya, con la propia, puede ser suficiente para sobreponerse a los múltiples avatares de la vida. Para ellos, solo puedo ofrecer solidaridad, consuelo y apoyo;

Yo siempre pensé lo mismo.

Uno es lo que es, en presencia y en etéreo, y con ese equipaje debe manejarse hasta el fin de sus días. Es un pensamiento neutro, objetivo, leal y sincero. El problema es que no te alcanza. No te llega para cubrir las veleidades, las sorpresas, las traiciones, el odio y el amor. Para eso no alcanza, amigo lector. Necesitas un refuerzo, una reserva, una especie de caballería de rescate que prolongue tu energía para alcanzar el fin del camino.

Yo pensaba lo mismo, hasta que encontré el mejor de los sistemas, el trueque de las ánimas.

 

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2 Comments

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  1. Como siempre, me ha gustado. Hacer trueque de ánimas no sé si me gustaría, aunque visto lo visto… Supongo que sí.
    ¡Un saludo!

    Le gusta a 1 persona

    • Ya sabes. Cuando la original esta agotada, podría estar bien una de repuesto o de refuerzo. No será la original, claro está, pero podría servir para aguantar un poco más los sinsabores del día a día .
      Te imaginas un alma plena de optimismo rayando en lo patológico para utilizar los lunes AM?

      Me gusta

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