Esa Neurona Independiente

Acepto que no es un diagnóstico propiamente dicho. Pero no se me ocurre otra explicación. Lo que me ocurre no es normal, evidentemente. Y siguiendo la vieja regla de la patología médica, o se trata de una enfermedad orgánica, o de una enfermedad funcional.

Sin duda, una enfermedad orgánica reúne los requisitos necesarios para explicar todos los síntomas. Por tanto, la única razón para no considerarla como una hipótesis plausible es que tener una enfermedad orgánica es una cabronada, y por tanto, no quiero tenerla, así que la elimino de la ecuación y considero otras hipótesis menos funestas.

La sintomatología, expuesta muy resumidamente, abarca diferentes disfuncionalidades intelectuales, como amnesia inmediata, episodios confusionales, actuaciones irracionales, pereza irreductible e insomnio inconveniente.

Según he podido documentarme, no he hallado patologías descritas que reúnan todos los síntomas anteriormente enumerados y de forma simultánea, que es como se presentan en mi caso. Habiendo descartado drásticamente las patologías orgánicas, porque me dan miedito, he de centrarme en la existencia de un proceso neurológico funcional, de localización central, porque no estoy confundido de una localización concreta, sino muy en conjunto.

Repasando exhaustivamente mis hábitos de vida, no he encontrado razones de peso que puedan explicar la aparición de este cuadro. No he llevado vida monástica, bien sabe Dios este tema, y bien que me lo ha reprochado con actuaciones indirectas, pero bastante dolorosas. Mas no recuerdo conductas inapropiadas relacionadas con drogas o psicofármacos. Aunque también podría ser que no las recordase porque la amnesia afectase a aspectos concretos de mis recuerdos, los más golfos, por ejemplo.

Dado que me he encontrado bien hasta hace poco tiempo, he podido repasar los últimos acontecimientos de mi vida, intentando hallar esa causa, ese maligno influjo que pudiera perturbarme. Esa compañía nocturna con habilidades secretas para el vudú, esa gitana a la que no le compré una rosa marchita a las cuatro de la mañana, esa discusión de tráfico con algún sicario camuflado. No he podido hallar nada. Vamos, que he hallado muchas cosas, pero que no creo que sean responsables de un cuadro tan complejo.

Finalmente, he llegado a la conclusión de que la explicación más plausible para mis males es la funcionalidad independiente, asíncrona, anárquica y ácrata de una de las neuronas que transitan por el hipocampo cerebral. Es decir que una neurona de las mías, va a su puta bola, hablando en un lenguaje sencillo para los no sanitarios.

¿En qué me baso? Bien, todos los síntomas mencionados, en el caso de que la afectación se produjera a nivel de todas las neuronas cerebrales, conducirían a una situación incompatible con el desempeño mínimo y básico de las funciones vitales básicas, sexo incluido. Y yo, a ese nivel, no me veo. Confuso, amnésico y raro, sí. Pero lo del sexo sí que me hubiera alarmado mucho antes,

¿Porqué una neurona, una única neurona, puede haber armado tal estropicio? Hay múltiples posibilidades, desde luego. Pero voy a formular una hipótesis, recopilando previamente todos los datos estadísticos existentes: La neurona es femenina.

Antes de que el público XX se avalance hacis este humilde investigador, he de explicar que no se trata de una hipótesis gratuita. He llevado a cabo una encuesta exhaustiva entre los investigadores más conocidos en este campo, la neurofisiología, y todos ellos, con una unanimidad muy infrecuente en el campo de las neurociencias, coinciden conmigo.

Y con esta hipótesis, bien respaldada, podría haberme quedado. Pero mi vocación científica me obliga a considerar todos los sesgos estadísticos existentes en un estudio epidemiológico. Y algún mal pensado podría considerar que el hecho de que no haya científicas femeninas en las encuestas que llevé a cabo entre mis colegas, podría resultar un sesgo de selección. Pues sí que podría ser.

Así que repetí la encuesta entre una cohorte de mujeres investigadoras en este mismo campo, y los resultados no variaron significativamente. La tabulación estadística de los items preguntados en la encuesta se superponía en valores a la de sus colegas masculinos. Encontré alguna dificultad en el campo “observaciones”, único que se respondía en texto libre. Algunos comentarios resultaron ciertamente extraños. Ofensivos, agresivos y muy confusos, expresando una idea y su contraria en una diferencia de tres renglones máximo. Lógicamente, este hecho reforzaba la bondad de la hipótesis.

Una vez redactada la teoría y confirmada estadísticamente, me encontré con el problema real: “No existe cura”

¿Y qué podía hacer? Tras analizar seriamente pros y contras, procedimientos más agresivos, más dolorosos y más piadosos, llegué a la conclusión de que la única solución posible para mi padecimiento es la detección precoz de la situación funcional de la neurona, y reaccionar en consecuencia.

Obviamente hay que estar muy atento, porque la velocidad de mutación de los diferentes estadios es extraordinariamente elevada. La neurona puede estar letárgica durante unas cuantas horas o días, pero manifestarse violentamente sin ningún tipo de estímulo aparente. Cuando eso ocurre y no hemos podido detectarlo previamente, lo mejor es posición fetal, desconexión sensorial, alejamiento espacial, y oraciones abundantes. No te garantiza éxito, pero sí una penitencia humillada y cristiana con la que se puede convivir razonablemente.

Llamo especialmente la atención de los afectados, a manifestaciones externas aparentemente gozosas o alegres. En esas ocasiones, redoblad los sistemas de alerta. Nada es lo que parece. Se trata simplemente de un ardid, una maléfica celada en la que la neurona nos quiere llevar a una situación de indefensión por euforia. Recomiendo alegría aparente sin excesos y perfil bajo. Cuando la situación se torne agresiva o violenta, actuad como se definía anteriormente.

En general, ante casi cualquier situación, posición fetal y rezos a María. Terapia comodín que no garantiza el éxito, pero que protege mínimamente del apocalipsis.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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11 Comments

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  1. El resto de los mortales lo llamamos simplemente…Menopausia masculina.

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  2. David Blasco Sandino 12 agosto, 2016 — 9:16 am

    Creo que has debido conseguir un hito histórico. La población lectora femenina acaba de declararte unánimemente persona non grata sine díe.
    Y extraoficialmente, el público masculino aplaudimos este pseudodiagnóstico, eso sí, en la más absoluta discreción.

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  3. Por ahora, yo seguiré leyéndote.

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