En la onda (microrrelato)

Día tras día nos colocábamos a ambos lados del estanque, sin necesidad de preguntas, gestos o permisos. Elegíamos al azar los pequeños guijarros de la orilla. Alzábamos la mano y comenzaba el juego. Cuenta atrás imaginaria. Los dejábamos caer al unísono, y observábamos las ondas que generaban en el agua del estanque.

Cuando las ondas de cada uno de ellos se encontraban, el agua del estanque pasaba por un momento de confusión, que nosotros aprovechábamos para abandonar nuestras posiciones y encontrarnos en tierra de nadie. Nos besábamos hasta que el agua del estanque volviese a presentar una situación de espera en la calma. Y a veces hacíamos trampa, porque prolongábamos el beso sin mirar hacia el estanque. Valiente pareja de tunantes.

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5 Comments

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  1. El juego del cortejo, el juego del amor… ¡qué bonito sería seguir jugando a encontrarnos, a esquivar las trabas del camino, a buscar los momentos y los lugares más bellos para citarnos y luego, seguir el juego y besarnos hasta el próximo encuentro!
    Un abrazo.

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  2. eran hermosos tiempos en el cual había otros valores y otras creencias sanas y saludables, porque si unos jóvenes preguntan a una pareja que desde hace mucho tiempo están juntos, y es!! que en el fondo ellos lo quisieran imitar, aunque saben que no son iguales los tiempos en los cuales hoy viven

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