Equilibrio inestable

Nos manteníamos en el alambre casi desde antes de conocernos. Nuestra balanza cimbreaba de uno a otro platillo, con la sola exposición a la brisa del amanecer. Una simple brizna de hierba hubiera bastado para hacer caer con estrépito cualquiera de las bandejas. Una gota de lluvia, el rocío matutino, el volar de una mosca, y todo se vendría abajo.

Y así seguimos desde entonces, varias décadas después. Mi mente y mi sentir caminan en equilibrio inestable todas las horas, todos los días. Y yo en medio,intentando encontrar la justa palabra de mediación. La nota de sosiego en la zozobra. La bandera blanca en medio del zafarrancho.

Caminamos en la tabla de aquel bajel pirata bajo vientos huracanados. No necesitamos venda ni espada, ya nos precipitamos nosotros. Recorremos el borde del acantilado tras bebernos la mejor botella de vino. Entre la plenitud y el desastre. A diario.

Y yo en medio, aportando la paz que no poseo. El equilibrio del que carezco. La templanza que me es desconocida. Asaz interpretación la mía, digna del mejor comediante. Y como atrezzo, la espada. De Damocles, de Damasco, de Toledo. Que no me falte cuando declare el fin del partido.  Que mantenerse en el medio solo permite esquivar las balas, retrasar las decisiones, mantener la desgracia.

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2 Comments

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  1. Algo así como estar en un máximo relativo, con cualquier perturbación terminas en el valle.

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