Café Con Hielo

No era cliente habitual. Ni creo que fuera del barrio. La presencia impecable, con americana de lino, polo de marca, pantalón de algodón egipcio, no de los más baratos. Mocasines sin calcetines, pañuelo asomando en el bolsillo de la americana. Y sudando a chorros. Más de cuarenta grados a la sombra. Probablemente entró por supervivencia.

Cruzó el local con decisión, sin timidez. Los pocos parroquianos que abarrotábamos el minúsculo local echando la partida, nos sorprendimos; Pero sin alharacas. Uno de tantos despistados que hay por el mundo. Y de entre todos los cafés del mundo

Se armó en un par de minutos. Lo que tardó en pedir un café con hielo. Me recordó a la escena de la pelea en “Un Hombre Tranquilo” Todo el mundo sabía que el puñetazo venía a continuación del insulto, y pasaron a organizar las apuestas. En nuestro caso, simplemente nos acercamos sigilosamente y esperamos. Sabíamos lo que acontecería.

-“¿Cómo ha dicho?”

-“Le había pedido un café con hielo”

-En mi establecimiento no se sirve café con hielo

El forastero se tomó unos segundos. Confirmó la existencia de la cafetera. De las tazas servidas en la barra. De la cubitera. Del hielo. No le vi revisar los vasos, quizás lo dio por hecho.

-“Discúlpeme, pero veo que vd. tiene café y hielo. ¿Hay algún problema para que me lo pueda tomar?”

-“Aquí, en este bar, desde luego. Yo no deterioro un café como éste sirviéndolo en un vaso con hielo. Eso sería destrozar el café”

-“Pero eso sería decisión mía, no le parece”, quiso contemporizar el forastero.

-“Es decisión suya pedirlo. Y mía no servirle. Puedo ponerle un café solo, con leche, e incluso descafeinado. O le puedo poner una coca cola o un whisky. Pero no le serviré un café con hielo”

El forastero escudriñó a su alrededor. Nosotros no tomamos partido. Le miramos, le hicimos saber que contaba con nuestra simpatía, siempre a través del lenguaje no verbal. Pero en el fondo, apoyábamos al dueño. Regentar un establecimiento como el suyo adquiere una responsabilidad social. No es posible plegarse a los extravagantes deseos de cualquier cliente que accede. Hay límites para todo.

El forastero agachó las orejas, solicitó un café solo. Le sirvió el mejor posible. Se lo bebió. A cuarenta grados a la sombra. Y luego pidió una botella de agua mineral muy fría. Se le atendió debidamente. Cuando terminó la botella, el forastero volvió a echar una ojeada panorámica. Para entonces ya no había miradas de simpatía. Cada uno estaba en lo suyo. El orden sociológico reinante se había restablecido.

No hizo más que salir por la puerta, con esa expresión perpleja, y se inició el debate:

-“Habráse visto” dijo el dueño

Múltiples murmullos de aprobación se extendieron por la sala. Y volvimos a nuestras partidas.

 

¿Es un crimen el café con hielo?

 

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7 Comments

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  1. Fue como haber visto a Han Solo dentro de un bar (por favor decime que sabes de lo que estoy hablando).

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  2. Creo que a crímen no llega, pero todos sabemos que para cortar la sed nada mejor que un buen CAFÉ: Caliente, amargo, fuerte y espeso. la misma palabra lo dice. No? Un abrazo.

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  3. A mí me gusta el café con hielo y además… ¡con azúcar!
    El café amargo me resulta demasiado amargo, no debo ser muy buena bebedora de café, pero no se puede ser perfecta en todo, jeje.
    Un relato muy bueno, me gustan tus descripciones. Un abrazo.

    Le gusta a 1 persona

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