A Dios Pongo Por Testigo

“Nunca he tenido muy claro porqué te dejé”

Noté que sus palabras iban deslizándose neurona a neurona hasta que finalmente llegaron a ser completamente procesadas.

“¿Como que no tienes claro porqué me dejaste?”

“Pues eso, que no sé porqué rompí contigo”

En esos momentos, ya había conseguido organizar la información, alinear los neurotransmisores en fila de a uno, y empezaba a tener las ideas un poco más claras.

“No estoy seguro, pero yo diría que se debió a que eres la madre de todas las zorras”

“Ya veo que sigues resentido. Está bien, lo dejamos ahí”

“¿Como que si sigo resentido? ¿Pero es que tienes la desfachatez de preguntármelo?”

Ella inició un mohín de cierto disgusto, como si se viera atrapada en el ascensor y la puerta no acabase de abrirse. Giró la cara hacia su izquierda, hizo como si se hubiese ofendido, aunque la realidad es que se estaba mirando en el espejo, posiblemente para confirmar la vigencia de su rimmel. Inició un par de pasos, como para abandonar el rincón al que me había conducido, bajo el pretexto de hacerme una pregunta pero al tiempo, a una velocidad lo suficientemente calmada para permitirme seguirla con facilidad.

“Ha sido un error pensar que lo nuestro…”

“¿¿¿Lo nuestro??? Pero de qué demonios me estás hablando, Hace tres años que no se de ti ni una palabra. No es que lo haya echado de menos, pero te presentas aquí, me dices estas locuras, hablas de “lo nuestro”, como si hubiéramos tenido una relación longitudinal interrumpida simplemente por azares del destino, cuando la realidad es que me dejaste colgado de la noche a la mañana, y tres años después me cuentas una milonga continental”

Me pilló un poco desentrenado su reacción. Al verla emitir esos pequeños riachuelos de lagrimitas alineadas en sentido descendente, me dio un poco de pena, incluso pensé que me había excedido. A punto de pedirle disculpas, recordé que era una actriz profesional. Y de las buenas. La muy cabrona me había tomado por un guión de culebrón, como si yo fuese un Luis Eduardo de la vida. Me enfadé conmigo mismo, por haber estado a punto de caer en la trampa.

“Ya. ¿Y ahora me vas a decir. A Dios pongo por testigo…? ¿Te has creído que soy estúpido?”, eludiendo el hecho de que en efecto lo soy. Primero porque puse a su disposición mi alma, en tarifa plana permanente, para que la pisoteara, troceara y devorara sin el más mínimo reproche por mi parte. Y cuando se consumó la tragedia, por suplicarle que siguiera haciéndolo toda la vida, con anillo de por medio. Y menos mal que tenía otros planes.

“¿Me crees capaz de utilizar mi profesión en un momento en el que te estoy desnudando mis sentimientos?”

Afortunadamente no esperó respuesta, porque habría ardido Troya. Me dejó plantado, con la adrenalina escapándose por todos los poros. La muy golfa no me había dejado abroncarla siquiera. Otros tres años que me comería mi rabia.

Pero no. Paró en seco. Volvió sobre sus pasos. Se encaró conmigo. Puso su escaso 1,60 sobre las puntas de sus pies, y sin alzar la voz una octava, pronunció las palabras mágicas.

“Estás cabreado porque sabes que te mueres por abrazarme. Si no eres capaz de comprenderme o de perdonarme, si es que crees que te he ofendido, sea. El que va a morir de tristeza e impotencia eres tú. Yo no voy a llorarte. Seguiré con mi vida. No me faltarán los hombres que quieran hacerme feliz a diario. Los que crean que jamás en su vida hubieran podido soñar con tener tanta suerte. Y tú sufrirás a diario. Desde el despertar hasta el ocaso. Solo o en compañía. Estás condenado a ser tan infeliz como lo has sido estos tres años. Ni siquiera podrás volver a enamorarte, porque una y otra vez las compararás conmigo y saldrán perdiendo. Solo tienes una opción para continuar con tu vida. Trágate tu orgullo y sígueme. O sigue ofendido y muere en este mismo instante”

Y en esas me hallo. Ofendido y muerto.

 

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21 Comments

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  1. ¡¡ Tremendo y apasionante!! Un abrazo

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  2. Carlos me ganó de mano con la palabra, así que cambio el adjetivo por ¡excitante!.
    Se bueno y comparte tus musas…

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  3. Un poco soberbia la mujer….. Conste que lamento que te sientas ofendido y tanto más que la palmes, pero creo que tu personaje ha hecho muy bien. Tiempo al tiempo y se resucita de nuevo. Un abrazo

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  4. Seguramente, en la vida real, El hombre habría picado. Muy bien escrito, amigo.

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  5. Quizá la dama sigue enamorada del caballero, porque ¿por qué volver después de tres años? probablemente esté viviendo lo que le pronostica a él… que en cada hombre le busca y no le encuentra.
    Muy bueno el relato, como siempre,
    Antonio, me ha encantado. Un abrazo.

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  6. Joder, cómo me ha molado

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