Un Dilema Etico (II)

…Maika simplemente alucinaba, hasta que se dio cuenta de que había gato encerrado. Esperó hasta que me dejase la VISA tiritando(al fin y al cabo era vendedora), y me dijo:

“Toni, ¿estás completamente seguro de que has venido a comprar todas estas cosas?”

Y yo hice lo que se debe hacer en estos casos. Mentir, pero con absoluta convicción.

Y para mantener mi embuste, me vi obligado a incrementar mi compra, añadiendo una muestra selecta del catálogo de la tienda, con el fin de dar credibilidad a la historia. Y cuanto más compraba yo, más sospechaba ella.

A la hora de pagar, la factura había ascendido a cotas similares a las del Dom Perignon del otro día. Es la penitencia que se paga por mentir como un bellaco, y yo lo acepté con deportividad. Pero veía que estaba finalizando el proceso de compra, y no había podido hablar con Maika. Para ser exactos, no había reunido el valor para hacerlo. Sopesé la situación y finalmente me decidí a hacerlo. El argumento, de peso. “Si tengo que volver aquí, me voy a dejar una pasta impresionante. Y si cuando vuelva tampoco me atrevo, además de la pasta, me va a tomar por un obseso. Y a ver qué hago yo con todas estas prendas femeninas”

“Maika”

“¿Sí?”

“Me ha dicho Santi que lo habéis dejado. Me ha dado mucha pena”

No os he comentado cómo es Maika, y puede ser necesario para comprender el devenir de los acontecimientos. En torno a los treinta y cinco. No demasiado alta, quizás en el metro sesenta. Pelo castaño claro, tirando a pelirrojo, en anarquía organizada, no más de media melena. Cuando se enfada, tiende a oscurecerse. O es que el receptor del enfado empieza a verlo todo negro, no sabría deciros. Los ojos son de color marrón trigueño. No muy grandes, pero sí muy expresivos. La pupila tiende a dilatarse con una facilidad pasmosa, prácticamente ante cualquier pequeño suceso cotidiano.Si no tienes un poco de cuidado, te atrapa en el fondo de la sima en la que se convierten sus ojos, y de ahí ya no sales hasta que se relaja y te libera. En la cara tiene alguna peca. A algunos no les gusta, a mí me vuelve loco. Le da un toque de ingenuidad infantil absolutamente engañoso. Ni ingenua, ni infantil. Sus labios son extraordinarios, sin paliativos. Grandes, delineados, simétricos, sobresalientes. Le hubiera preguntado por injertos de colágeno, por pura curiosidad, pero tanto si fuese cierto como si no, me hubiera atizado. Su sonrisa, cauta. No llegaba a desarrollarse del todo. Como si tuviera cierta prevención a mostrar todo lo que había detrás. Nunca la vi reir a carcajada limpia, aunque sus ojos lo hicieran, por ejemplo cuando contaba a los amigos mis peripecias con las mujeres o en el trabajo. Se que le caía bien, pero no porque se riese con mis chistes, sino porque sus ojos parecían hacerlo. Siempre pensé que se sujetaba a sí misma para no verse vulnerable, pero ya en la fase extrema. Quiero decir que no escatimaba elogios o reproches a quien se hubiese hecho acreedor, sino que tenía la sensación de que sus caballos no se desbocaban porque llegado el momento, los sujetaba con fuerza sobrehumana. No me extenderé con los datalles de su figura y porte, pero creedme si os digo que estaría en vuestro top ten de las chicas de metro sesenta.

Como por ejemplo, en ese momento. Intuía que me habría comido de la cabeza a los pies por el mero hecho de preguntarle por un tema tan personal, y mucho más si hubiese sabido que mi propósito era intentar que reconsiderase la situación. Y aún más si llegase a relacionar el surrealista proceso de compra de ropa interior femenina con el hecho de intentar que recondujera la relación con Santi.

“De manera que has venido aquí, cosa que no has hecho en los siete años que hace que tengo la tienda, y te has gastado un montón de pasta, que no te voy a devolver, ¿sólo para intentar hacerme cambiar de opinión en lo de Santi?”

Oh, oh. Mi elaborada maniobra de distracción y confusión del enemigo, había sido detectada. No me explico donde pudo estar el fallo.

“Ahora dime que no tienes chica a la que colocar lo mejor de mi muestrario, y ya me descojono”

“Hombre, siempre hay algo por ahí”, mentí sin pestañear. Pero al ver su mirada furibunda, reculé al instante, “pero precisamente ahora, lo que se dice chica-chica, pues no”

Y en efecto se descojonó. Como no la había oído en la vida. A mandíbula batiente. Tuvo que retirarse hacia uno de los probadores, porque las clientas la miraban a coro y se olvidaban de dejarse los cuartos en la tienda. La acompañé hasta que pareció que se estabilizaba, azorado, avergonzado, muerto. Había hecho el ridículo de una forma estrepitosa. Original, eso sí. Pero estrepitosa.

“Vamos a ver, alma cándida. ¿No podías haberme llamado a tomar un café y hablarlo como buenos amigos que somos?”

“Hombre, sí. Pero si te llamo para tomar un café, cosa que jamás hemos hecho sin Santi, inmediatamente te darías cuenta de que quería hablar de él”

“Claro, y con este plan maquiavélico, has conseguido¿….?”

“Vale, no he estado muy luicido. Pero convendrás conmigo que te lo has pasado a lo grande, y eso me lo debes a mí. ¿No vale eso como una invitación a un café, especialmente si consideramos que me he dejado una pasta?”

“Desde luego. Especialmente porque te he vendido todo lo que tenía de temporadas anteriores que no había manera de liquidar”

Quedamos a la salida de la tienda, en la cafetería de un hotel de lujo muy próximo. Ella eligió una mesa en el centro de la sala. Pidió un café, por lo que me vi obligado a hacer lo mismo, aunque el cuerpo me pedía un copazo de los buenos para que se me pasara la extraordinaria sensación de ridículo. Hablamos de su relación con Santi. Me explicó sus motivos. En resumen, había dejado de quererle como antes. La historia más vieja del mundo. La costumbre es un extraordinario adhesivo para una relación, hasta que deja de serlo. No había terceras personas, infidelidades que ella supiera, ni graves abismos entre ambos. Simplemente ese trozo de tela que se va desgarrando con el uso, hasta que finalmente queda inservible.

No tuve más remedio que aceptar sus argumentos, porque no lo eran. No intentaba explicar porqué lo había hecho y someterlo a un análisis lógico. Simplemente se había visto obligada a hacerlo porque en caso contrario no se hubiese respetado a sí misma. No hay mayor traición que la de los propios valores, y éstos incluyen dilemas éticos, morales, afectivos y de cualquier esfera de la vida. Simplemente, ante la alternativa de mantener artificialmente la relación o ser sincera consigo misma, se eligió a sí misma. ¿Egoísta? Responsable, diría yo.

El problema vino después. Una vez aclarada la situación con Santi es decir, que ya no había situación, técnicamente éramos un chico y una chica solteros, desemparejados y libres , tomando una copa (a esas alturas ya sí) juntos. Hacia las diez de la noche era un café con una amiga. A las dos de la mañana, con sendas copas encima de la mesa, que no eran las primeras, solos en el salón del hotel, y con el pianista recordando las mejores baladas de Carpenters, Chicago y Jackson Browne, debía considerarlo como un auténtico zafarrancho de combate.

(Continuará)

 

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28 Comments

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  1. ¡Me lo estaba temiendo! Estos dos se van a enrollar… y el pobre Santi se va a dedicar a escuchar y bailar bachata y a beber Gin-tonic de garrafón, para olvidar.
    Y ahora surge un problema, ¿cómo mantener unida esa pandilla de vividores? porque cuando se mete el amor por medio, uffff, ¡puede arder Troya!
    Antonio, ya es hora de descansar, mañana es lunes de nuevo y toca seguir esperando el desenlace de tu historia, espero no perdérmelo…
    Un abrazo.

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  2. Ayyyy que se van a saltar la regla número 1 de la amistad… Ahora, la frase de “la costumbre es un excelente adhesivo para una relación, hasta que deja de serlo”, me ha parecido espectacular

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  3. ¡¡Ay, que algunos se hacen los ignorantes cuando ponen la mano sobre el picaporte de una puerta abierta y luego dicen que todo fue fruto de la casualidad!! Ya veremos donde acaban estos dos. Un abrazo.

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  4. 😨 Joder,aquí hay tomate.
    Pobre Santi.
    Oye,envíame la ropa interior que me hace falta. (Sobre todo el culotte deportivo please)
    Si eso ya tiro de wallapop para los sostenes.
    Gracias de antemano.

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  5. Mierda,con lo bien que me venían..😒
    Por cierto buen final.
    Se lleva un polvo,no se lleva la galleta y conserva la amistad.
    Y Maika no le hace falta.
    👏👏👏

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