Un Dilema Etico (y III)

Hacia las diez de la noche era un café con una amiga. A las dos de la mañana, con sendas copas encima de la mesa, que no eran las primeras, solos en el salón del hotel, y con el pianista recordando las mejores baladas de Carpenters, Chicago y Jackson Browne, debía considerarlo como un auténtico zafarrancho de combate.

He de decir en mi honor, que resistí todo lo humanamente esperable, y que si finalmente sucumbí a la tentación, únicamente se debió a la insoportable levedad del ser. Quiero decir que se me insinuó levemente y que todo mi ser se precipitó hacia ella como si me arrastrase una fuerza insoportable. No es que me sienta orgulloso, pero es obvio que la responsabilidad no recae en mis hombros. Si no hubiera habido acción por su parte, no hubiera existido reacción por la mía. Por tanto, no soy culpable; Si acaso, una víctima. Me ví forzado a mantener una relación no deseada, como consecuencia de la extraordinaria belleza de Maika y de las evidentes malas artes que utilizó para atraparme. Mira que insinuarse…

Una vez atrapado en la telaraña tejida por ella, lo que no iba a hacer era resistirme inútilmente. Se dice en todas las películas “Es inútil que te resistas” Yo lo comprobé enseguida. Estaba atrapado, y la única manera de escapar de aquella situación con la dignidad intacta, era ninguna. Por tanto, dado que la batalla ética y moral estaba perdida, decidí concentrar mis esfuerzos en intentar estar a la altura en la misión de combate, único objetivo a mi alcance a esas alturas de la noche.

Obviamente venció ella, fuera lo que fuese lo que nos estábamos disputando, y asumí mi derrota con deportividad, felicitando al adversario todas las veces que me fue posible, espero que las suficientes. Y la firma del armisticio, ante sendas tazas de café mañanero, y rodeados de los cadáveres de los diferentes espirituosos, transcurrió de forma amistosa y civilizada. Un beso comprensivo, tierno y afectuoso, bien diferente de la explosividad nocturna, fue el preludio a nuestra retirada. Tomamos caminos divergentes. No intercambiamos teléfonos ni tarjetas. No enviamos flores ni bombones. Seguimos con nuestras vidas.

No fue fácil esquivar a Santi y los chicos durante los días siguientes. Pero lo intenté con denuedo hasta donde me fue posible. Y me fue posible hasta que llegó el cumpleaños de Santi, festejo de asistencia obligatoria, exactamente dos semanas después. Contribuí al regalo, confirmé asistencia, pero intenté implicarme lo menos posible en los preparativos. Me excusé en el trabajo. Maika y yo solo habíamos hablado por teléfono después de aquello, y sin abordar metafísicas reflexiones al respecto de aquella noche. Supuse que nos veríamos, pero no estaba muy seguro.

El evento se celebró con éxito de crítica y público, como dicen los taurinos ancestrales. Se aceptó la música, probablemente porque Santi no estaba excesivamente concentrado. Basta con decir que se comió con patatas una versión flamenca del All My Loving de The Beatles sin mover un solo músculo. En otro momento hubiera asaltado la cabina del Disc-Jockey para ajusticiarlo al amanecer, pero estaba hecho un cachorrito. Me dio mucha pena, y mucho miedo. Pena porque es mi amigo, y miedo porque está cuadrado. Pero hay momentos en los que la verdad debe colocarse en un plano superior, por encima de cualquier otra consideración. Y ese era uno de ellos.

“Santi, debo decirte una cosa. He estado con Maika. Siento mucho que haya ocurrido, pero sucedió. No he querido faltarte al respeto como amigo. Simplemente pasó, pero tampoco puedo asegurarte que no pueda volver a repetirse. Te quiero, pero a ella también. Espero que puedas entenderlo y que no cambie nada entre nosotros.”

A mí me sonaba bastante bien mientras lo iba ensayando, camino del rincón donde Santi se hallaba apurando su quinta copa. Y seguramente hubiera funcionado, porque era directo, respetuoso y enormemente cariñoso con él. Esas cosas pasan, y él, que es un hombre de mundo, lo sabe.

Cuando llegué a su altura, sin la más mínima oportunidad de pronunciar mi elaborado discurso, me espetó de sopetón:

“Se con quién está Maika ahora. Y se que es un cerdo que se hace llamar amigo mío”

Es lo que tiene la planificación. Ya fracasó en la Unión Soviética. Te organizas, supones, propones, y los acontecimientos de la realidad te pasan por encima. Me fastidió mucho la situación. Por un lado, lo más seguro es que me diera una paliza, y eso puede ser molesto. Y encima, me había quedado sin poder pronunciar mi discurso, que era bastante bueno, dadas las circunstancias. Opté por dejarle hablar o golpear. Estaba en su derecho. Yo le había fallado y merecía un castigo moral o físico. O ambos.

“Le han visto con ella, me dijo mirándome fijamente al centro de mis ojos. Y me lo han contado. Yo le hacía un buen amigo, pero es un completo hijo de puta. ¿Tú que le harías?”

“Bueno, Santi. No lo se. supongo que hablar con él. Quizá tenía sus razones. O fue una cosa excepcional. No creo que debas actuar sin escucharle previamente”, dije, mirándole con cariño, esperando el momento de la verdad. Alzó su copa, bebió con ansia, la posó con estrépito en la mesa de cristal, y mutó su mirada a un rictus asesino. Ya, prepárate a encajar. Me puse en posición de guardia alta, con los puños por delante de la cara, preparado a recibir. Pero él me cogió las manos, acercó su boca y, permitiéndome realizar una cata olfatoria de sus últimas copas, me gritó:

“¿Excepcional? Pero si le han visto salir de su casa de madrugada en más de tres ocasiones. Conozco a los vecinos y me lo han soplado. La odian desde pequeñita y me han venido con el cuento”

“Espera, ¿qué estás diciendo?¿Que tiene una relación con uno de nuestros amigos, y que se han visto más de tres veces, pero…?”

“Qué es lo que no entiendes, Toni? ¡¡Pero si está muy claro!! Nuestro amigo Maese Luis, nuestro Luis, se la está tirando, y se hace llamar amigo mío”

En ese momento, tras haber comprendido la situación, reaccioné como lo hace un hombre de verdad, con arrojo y desprecio de mi propia seguridad.

“¡¡Pero qué hijo de puta!! Y se dice tu amigo.”

En realidad estaba pensando eso mismo, por lo que no se me puede etiquetar de ser un falso, embustero, misterioso y truhán. Qué Luis era un hijo de puta es completamente independiente del hecho de que yo me hubiera acostado con Maika. Al fin y al cabo solo fue una vez, y en contra de mi voluntad.

La noche no acabó muy bien. Puede que Luis se molestara cuando Santi le arreó dos guantazos de arriba abajo y le dejara K.O. Técnico en el suelo del garito. Seguramente Maika también se molestó, e intuyo que me incluía en el lote, probablemente por cobarde, traidor y maquiavélico conspirador, pero no me quedé para saberlo. Acompañé a Santi a su casa, alternando ánimos y melancolías con elogios a su crochet de derecha. dudo que escuchara unas u otras, porque iba con una borrachera descomunal.

A la mañana siguiente, Santi llamó a Luis para disculparse y a Maika para vaya usted a saber qué. Lo cierto es que vuelven a salir. Me alegro por ambos, aunque la mirada de ella no es tan amistosa como lo era entonces. Supongo que la gente cambia, y hemos de aceptar ese hecho. No creo que le contara a Santi lo nuestro, porque él no me ha obsequiado con uno de sus demoledores golpes al rostro. Pero me mantiene a raya, sin permitir que me acerque a ellos como gran amigo de ambos que soy. Ya se sabe lo rencorosas que son algunas mujeres, especialmente si ya no tienen tanto que ocultarte.

 

La Imagen destacada es un fotograma de la película “The Quiet Man”, de John Ford
Anuncios

6 Comments

Add yours →

  1. Un giro inesperado.
    Me encantó.

    Le gusta a 1 persona

  2. Eso de entremeterse. o sea meterse entre dos que se pelean, lleva aparajedado el mucho riesgo de salir magullado porque uno le utilice como escudo y el contrario como maza. Se libró, de momento al menos porque saltó al ruedo Luís el espontáneo. Un abrazo.

    Le gusta a 1 persona

    • De hecho, se ha llevado la peor parte. Es cierto que pudo disfrutar de su noche princeps, carpe diem. Pero no lo es menos que deberá cargar con la profunda enemistad de Maika, fabulosa criatura …por las buenas .
      Gracias, Carlos por leer y comentar . Es muy agradable para el “autor”, qué te voy a contar.

      Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: