La Cuarta Dimensión

Recuerdo cuando era niño cómo me enfadaba, cuando a la mañana siguiente no podía recordar los sueños de la pasada noche. Hasta que un día tomé la decisión de forzar el despertar, coger el bloc de dibujo y los lápices de colores, e intentar garabatear los elementos más relevantes del sueño, aquellos que resistían a los primeros momentos de la vigilia.Y así, noche a noche en la infancia, conseguí crear un collage indescifrable de anhelos, deseos y aspiraciones, que me ha acompañado hasta nuestros días.

Hoy he puesto punto final. No puedo dañarme a diario con el recuerdo de lo nunca conseguido. No puedo conservar ese recordatorio perenne del fracaso. Puedo perder, pero no puedo conmemorar la derrota. He quemado los dibujos, he olvidado los trazos, he alterado los colores. El dolor es el mismo, pero podré superarlo. Me he rendido, aunque no sin lucha.

Y como primera medida, para el resto de mi vida, he adquirido un bloc, unos lápices de colores y unas metas renovadas; Que me acompañen, me guíen y me consuelen. Que me castiguen. Que me hundan, que me salven. No son los sueños el problema, ni los dibujos que los ilustran. Es el sostenella y no enmendalla, la insistencia en el error, la ausencia de interrogantes, la rigidez de posición.

No es cobarde rendirse para empezar nueva batalla. Es cobarde la ausencia, la negación y la pereza. Ver los toros desde la barrera. Ser el segundo en el ring. Ser General en la retaguardia. Dadme la lucha, la batalla, el conflicto.

Yo tengo mis armas y pienso emplearlas.

 

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9 Comments

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  1. El único sueño recurrente que tengo de mi infancia es el demonio que me perseguía. Yo, que me he criado en una familia poco religiosa, que nunca creo que me hablaran de demonios y menos a la edad que yo soñaba con él, muchas noches soñaba que me perseguía y llegaba al borde de un precipicio y despertaba asustada… casi siempre era el mismo. Nunca supe que significaba…

    Luego el paso de los años me ha enseñado que la vida es una prueba constante y que siempre estás al borde del precipicio. Y yo me he caído muchas veces, por eso digo que la vida es una gran herida… casi siempre abierta. Y a mí no me han dejado nunca estar en la barrera y creo que ya me lo he ganado, pero me temo que tendré que luchar hasta el final.
    Un abrazo, Antonio, una estupenda reflexión, siempre hay que coger al toro por los cuernos.

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    • Me temo que sí, que la lucha no cesa, Estrella, y que no nos deja coger vacaciones o retiros temporales por haber superado holgadamente los niveles de sufrimiento.
      Muy al contrario, parece que se nos resetea a diario y nos estruja sin consideración a todo lo anterior.
      Supongo que habrá de ser así.

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  2. Lucha hasta que sangres arcoíris
    BRUTAL

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  3. Es un comienzo ese de estrenar nuevo cuaderno que siempre me llenó de ilusión. Adelante y agotaló con todos los sueños que están por llegar. Un abrazo.

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