Lecturas De Trayecto

Día tras día ocupabas el penúltimo asiento de la fila de la derecha, justo al fondo del vagón, en el coche número uno. Las primeras veces, absoluta casualidad. Las siguientes, absoluta causalidad.

Traje de chaqueta de confección mediana. Ni muy caro, ni muy barato. Complementos en consonancia. Media melena de moreno rizado. Pendientes discretos, variando con el día de la semana, o eso interpreté. Gafas de lectura mínimas y elegantes, de niña coqueta maldecida por la presbicia. Y una lectura.

Nos mirábamos, o para ser honestos, yo la miraba. A través de las ventanillas, de reojo, en las gafas de su vecino de asiento, pero nunca directamente. Me atraía y me imponía. Podría llamarlo timidez, pero cobardía sería más certero.

En el trayecto, de unos treinta minutos, se organizó un pequeño club, de forma absolutamente espontánea. Sin reglas, sin estatutos, sin carnet. Pero con saludo secreto. Cada uno diseñó el suyo. La secretaria, sonrisa amplia de décimas de segundo en orientación panorámica. El joven abogado, un dedo en la sien, como un saludo militar ejecutado con desgana. Juan, el electricista, el que ocupaba más de un asiento con su maletín de trabajo de aluminio integral, simulaba insertar un enchufe. Yo enarcaba las cejas. Ella solo nos concedía una mirada serena, pero de camarada, justo hasta que su libro emergía de su bolso-mochila de cuero negro. Después no estaba para nadie.

Con el devenir de los meses, estudiamos nuestras costumbres, comprobamos nuestras ausencias y adivinamos sus causas. O no. Nadie se molestó en contrastar las hipótesis. Da mucho más juego mantener el misterio. A mí me llamó la atención lo del libro. El cambio de género era dramático. Si el lunes se iniciaba novela rosa, para el jueves un ensayo filosófico. La semana siguiente, uno de autoayuda precedía a un clásico internacional. La poesía acudía los días de buen tiempo, quizás casualidad.

El día que extrajo a Chandler de su mochila, algo se removió en mi interior. Chandler y la bella. La bella y la bestia, se me ocurrió. Tuve que sonreír y me pilló in fraganti. Me devolvió la sonrisa, sin que pudiese ver ninguno de sus dientes, solo extendiendo el carmín (¿Rouge Dior?) hasta formar una perfecta línea recta de efímera duración, que dio paso a un cabeceo lateral y vuelta a la lectura.

Me volví loco. Chandler, ella, el rojo y yo. El perfecto triángulo amoroso. Vale, cuadrilátero, pero en mis planes, el Rouge iba a durar bien poquito. Me quedaban tres paradas para decidir si mi lóbulo frontal, el de la represión, triunfaría sobre la amígdala cerebral, la de las emociones, la de la pasión. La que estaba de fiesta era la testosterona. Como casi siempre.

El primer tramo, hasta Estrecho, de planificación. Elegir la frase, debía ser perfecta. Caso contrario todo podría arruinarse. Me despreciaría, me echaría del club, cambiaría de asiento, no lo sé. No elegí ninguna. Demasiada presión.

El segundo tramo, hasta Alvarado, de angustia. No se me ocurría nada brillante. Plan B . Espontaneidad y simpatía. Sin quemar las naves, solo amistad intrínseca. Poco riesgo, pero un avance. Decidido.

El tren abandonó la estación, rumbo a Cuatro Caminos. Recogí las cosas. Me aproximé una micra. “Hola, perdona mi atrevimiento, pero no he podido dejar de observar cómo abordas en tu lectura géneros tan dispares como poesía, filosofía, etc. Y hoy, novela negra. ¿Qué te motiva a tanta variedad?”

Ella sacó un marcapáginas de un bolsillo interior del abrigo. Lo colocó con cuidado en la página impar, asomando discretamente por exterior del lomo. Cerró el libro, lo depositó en la mochila, se quitó las gafitas de leer, las guardó en su funda. Cerró los broches y me miró fijamente.

“Era mi último cartucho. Solo me quedaba traer una guía de teléfonos. Mira que eres un tío difícil”

Anuncios

20 Comments

Add yours →

  1. Jajaja, es buenisimo Antonio, el otro día leía que todo sería más sencillo si fuese normal acercarse y decirle mirandola a los ojos: “Oye me gustas mucho” Un abrazo.

    Le gusta a 2 personas

  2. Ese dudar en como iniciar una conversación es algo muy antiguo, ahora creo que van y dicen… ¡qué, ¿nos vamos a la cama ya?!
    Es buenísima la historia, me encantan las reflexiones de él, la estrategia de ella, el ambiente cotidiano que se nos va haciendo familiar y cómo lo describes tú. Qué bonitas eran las miradas, las sonrisas contenidas, los encuentros “casuales”, el ir poco a poco, conteniendo las emociones, dosificándolas para luego dejarse llevar

    Le gusta a 1 persona

  3. Muy bueno, una demostración de que hay que apostar por el transporte público

    Le gusta a 1 persona

  4. Me encanta tu manera de escribir eres muy bueno en ello 😀

    Le gusta a 1 persona

  5. que tiempos en que por miedo o vergüenza no te decidías a encarar a una mujer y debe ser por esto que hoy han cambiado bastante estas situaciones en que la mujer si les gusta te encaran ellas, jajajja que hermosos momentos llenos de intrigas

    Le gusta a 1 persona

  6. Me ha encantado la publicación. Una maravilla dejarse llevar por “el viaje”.

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: