Vd. No Es Feliz Y Ambos Lo Sabemos

Cobraba fuerza en mi interior la idea de hacerle un regate a la vida. Un dribbling en seco, que me permitiese iniciar un camino diferente, una orientación alternativa, una dimensión paralela, cuando llegó a mis manos el periódico del día. Lo había obtenido tras una dura pugna con uno de los parroquianos ocupaban el local, que venía penalizado por la reciente implantación de la prótesis de cadera derecha, aunque manejaba la muleta con una soltura extraordinaria. Es lo que tienen los viejos, independientemente de la edad y las patologías que padezcan, mantienen un instinto de supervivencia insuperable, que suele venir acompañado de la pérdida total y absoluta de convencionalismos sociales. Si quieren el periódico, lanzan la muleta y lo marcan como un perrito hace con la primera esquina que observa.

Tras un repaso fugaz, superficial, cansado, me tropecé con las páginas de anuncios clasificados. Siempre me han fascinado esas páginas de los diarios de provincias. Constituyen el perfecto ejemplo práctico de la Teoría de la Relatividad. Ese cumpleaños, esas bodas de oro, esa puesta de largo, que en cualquier periódico que se precie no ocuparía huecograbado alguno, pasaba a ser noticia de portada, siendo reflejado con extraordinaria riqueza tipográfica, fotografía en color sepia, rotulación en negrita y cursiva.

En uno de esos módulos de dos centímetros cuadrados de superficie, algo llamó especialmente mi atención. Un recuadro delimitado por un borde que parecía dibujado a tinta china, asemejando un damasquinado toledano. Una letra de caligrafía perfecta. Y un mensaje contundente:

Usted No Es Feliz, Y Ambos Lo Sabemos

Siempre he pensado que la verdadera pornografía no está en esos cuerpos desnudos, esos mensajes libidinosos, esas ofertas de sexo a cambio, sino que está en la de aquellos desalmados que se permiten jugar con las debilidades humanas, ofreciendo sorteos imposibles, compras absurdas en teletiendas ficticias, porque se permiten recoger sentimientos, transformarlos, desvirtuarlos, y ofrecer unos gramos de felicidad efímera e incompleta. Y pensé que este anuncio vendría rematado por un prefijo telefónico 806, en el que solo marcando la numeración sería inmediatamente desvalijado. Pero en la letra pequeña solo aparecía reflejada una dirección postal, en una calle muy céntrica. Ni email, web, twitter. Ni siquiera teléfono.

No tardé en olvidar el original anuncio. El día a día es un excelente antídoto frente a la reflexión y el análisis, especialmente si abordamos temas de profundo calado como el concepto de felicidad. Además, no había mucha necesidad. Yo no era feliz, no soy feliz, como seguramente no lo será usted, y ambos seguimos sobreviviendo. Probablemente, no de la manera que nos gustaría. Seguramente todos quisiéramos consumir nuestra estancia temporal en este mundo, paladeando y degustando todos y cada uno de los minutos de los que disponemos, disfrutando de las excelentes cosas que nos ofrece la vida. Y probablemente queramos hacerlo con la o las personas que nos permiten intensificar ese deleite, como las fresas exprimen al máximo las propiedades organolépticas del champagne, como un botellín de cerveza frío hace que una tarde de verano pueda convertirse en un momento sublime, como el mejor libro de nuestra biblioteca nos lleva a la cima de una lluviosa tarde de invierno.

Soy consciente de estar relacionando la felicidad con los momentos felices, y que ese paralelismo es claramente desproporcionado, incluso divergente, puesto que si mi existencia es completamente infeliz, puede pensarse que el mero disfrute de esos momentos especiales, no compensan la insatisfacción global que presidiría mi vida y, por tanto, seguiría siendo una persona desgraciada, con momentos menos desgraciados. Obviamente, este punto de vista es un contraste radical con el anterior, y adolece de un sustento técnico, filosófico, puesto que el concepto de felicidad debe, o debería ser enormemente amplio y flexible. Al menos, ha sido explicado y estudiado desde tantos puntos de vista radicalmente diferente, que cabría dar por buena la discrepancia.

Como decía Baltasar Gracián,”Todos los mortales andan en busca de la felicidad, señal de que ninguno la tiene”, y eso es una gran verdad, salvo que no sepan identificarla, y ese es el verdadero drama. ¿Y si yo hubiera alcanzado la felicidad y no lo supiera? ¿Y si la felicidad no consiste en encontrarse sonriendo a cada esquina, admirando a los pajarillos del campo, las flores, la sonrisa de un niño, los acordes de un violín? Pero…¿Y si lo fuese?

En general, todos los pensadores de la historia coinciden en que, para ser feliz, es condición necesaria pero no suficiente, ser un buen tipo y tener buenos amigos. En eso coinciden todos, desde Aristóteles a Ortega, incluyendo al propio Gracián. Claro que el concepto aristotélico de amistad convendría ser matizado, pero no vayamos a ponernos exquisitos tan pronto. A partir de estos postulados básicos, el debate se enriquece, porque las primeras divergencias aparecen en el resto de los elementos, los que completan el cuadro final. Gracián defiende que la felicidad debería incluir un cierto grado de placidez y ausencia de preocupaciones, mientras que Nietzsche dice que eso nos es felicidad, sino “dicha”, y que la felicidad incluye como elemento esencial la recepción y posterior superación de dificultades, como elemento consustancial a la vida. Más o menos lo que dice Bowie: “Todos podemos ser héroes aunque solo sea por un día”, defendiendo la obligatoriedad vital de combatir a los que tratan de impedir nuestra felicidad.

Como pueden apreciar, un simple anuncio de un periódico de provincias había conseguido remover mis entrañas intelectuales, e iba camino de arrasar las emocionales, por lo que decidí frenar en seco. Una cosa es decidir que no soy feliz, a secas, y otra es analizar por qué no lo soy. Eso ni de coña. No sea que lo descubra y me vea en la enorme dificultad de pelear para cambiar mi vida, con lo que me ha costado manufacturarla. Sería una enorme cabronada remodelar mis costumbres, mis vivencias cotidianas, mi trato con las personas. Me mirarían como un bicho raro, pensarían que me he hecho de una secta, que me he enamorado, que me he dado a la droga. Y me ha costado mucho forjar mi imagen de tipo sensato y cabal como para ello. Independientemente de que cada lunes y cada martes, me dan ganas de dinamitar todos y cada uno de los elementos que conforman mi imagen actual. Claro que eso es lo que todos deberíamos pensar a diario, y por supuesto lo que todos nos deberíamos abstener de hacer.

Salvo que de verdad queramos ser felices, pero ese es otro debate.

Y en estas elucubraciones me hallaba, cuando burla, burlando, me encontré a escasos metros de la dirección que se mencionaba en el anuncio. Sonreí, muy a mi pesar. Y mucho más a mi pesar, me dirigí automáticamente hacia allí. El portal, imponentemente señorial, flanqueado por sendas columnas de porte neoclásico, que daban soporte a unas puertas de roble macizo, en las que podían apreciarse las vetas originales, a pesar del barniz que las mantenía como el primer día. Escalinata de mármol con pasamanos de bronce. Portero, de los de librea.

“Buenos días. ¿Puedo ayudarle?”

“Pues…en realidad estaba buscando la oficina de un anuncio que leí ayer en el periódico”, dije con prudencia, reserva y vergüenza.

“Ah, en el primero derecha”. Utilizó un tono enormemente profesional, pero con ciertos matices de camaradería. Quizá él también quería ser feliz y había probado el método. Me animé ligeramente, y procedí a subir la escalinata, casi esperando que la Victoria de Samotracia me recibiese al final del primer piso.

Llamé al timbre. No oí nada, pero la puerta se abrió con un ligero zumbido. Casi al instante de franquearla, una joven ataviada con una blusa de cierto porte, falda de tubo mini-midi, medias negras y tacones discretos, me invitó a pasar a una pequeña salita, con sillones de cuero blanco, una pequeña barra de bar y una mesa baja, donde reposaban tres gruesos libros, de encuadernación moderna. Me ofreció una bebida, y me animó a que consultase el catálogo de servicios. “Enseguida contactarán con usted”, me dijo, casi susurrando.

Me abalancé hacia los catálogos. El más grueso, contenía un montón de fotografías de mujeres bellísimas, con una pequeña reseña de sus características físicas e intelectuales, así como un código que podía ser consultado en la tarifa oficial de precios.

No quise ojear el resto de los catálogos. Intenté abandonar el piso, lo más discretamente posible, cuando la fotografía de la página número cinco, cobró vida y me dijo dulcemente:

“Hubieras sido feliz”

Mi respuesta fue, desde luego, mucho menos contundente.

 

 

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42 Comments

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  1. ¿Por tanto parece que la felicidad depende de la emoción que despierta el aspecto físico de los demás? Espero que haya una segunda parte. Mientras tanto voy a poner unas migas de pan en el comedero de los pajaritos. Un abrazo

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  2. ¡Que bueno! Enganchas. Aunque yo casi me quedo atrapada en ese bucle de felicidad que te has marcado. Solo puedo decir, que soy feliz siendo infeliz. Que es todo un triunfo. Ósea que si no he leído mal mientras daba vueltas en el círculo, soy más de Fiedrich.
    Respecto al catálogo, ya sabes el dinero a veces te da alguna alegría, según para quién y cómo.
    Yo por ejemplo aún sufro por la puta entrada de Linkin Park.
    😘

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  3. Creo que la felicidad es tan efímera que apenas empiezas a disfrutarla, ya se desvanece… Existen pequeños momentos, el resto de la vida es sobrevivir y adaptarse a lo que tenemos. Yo, la verdad es que lo llevo muy mal, hay demasiadas veces que me duele vivir, pero creo que algún instante merece la pena.
    Este mismo momento, antes de ir a dormir, leyendo lo que escribís los amigos, comentando, olvidando un poco todo lo que ha pasado en el día, para mí es un atisbo de felicidad, de encontrarme conmigo misma y darme cuenta que existo, que aún no estoy muerta.
    Me ha gustado mucho, como siempre, pero no, no, no… no te lo voy a decir, no quiero que te ruborices.
    Esa criatura del número cinco, seguramente representará todo que lo que dejamos escapar y que seguramente nos hubiera procurado un poco de felicidad ¿o no?
    Un abrazo, Antonio.

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    • Uno de los propósitos de la entrada, además de provocar al lector, es proponer la idea de que existen diversos tipos de felicidad, y cabe la posibilidad de encajar en alguno de ellos.
      Si observamos los modelos que he planteado en el post, hay al menos uno para cada caso. Para tí (y para mí y para Virginia, como le he puesto en el comentario), te he reservado el modelo de Nietzsche, que viene a intentar extraer la felicidad de la carrera por la supervivencia en la que nos hallamos.
      Aunque en realidad es una pequeña trampa, porque Nietzsche siempre tiene respuesta para cualquier situación o duda. Otra cosa es que la respuesta sea más terrenal o más etérea. A mí, personalmente, su pensamiento sobre la “Alegría serena” que debe presidir nuestros actos, me parece una guía muy válida para las cien mil decepciones del día a día.
      En cuanto a la criatura del núm 5, simboliza desde luego las oportunidades perdidas de ser feliz, pero lo hace desde el debate de sacrificar los principios para alcanzar la felicidad efímera, lo que va en contra de la teoría aristotélica. La criatura num 5 sería así, la tentación de traicionarte a ti mismo por pasar un buen rato, por ser feliz…un poquito.
      Otra cosa sería encontrarte a la criatura num 5 en una cafetería y establecer una relación sana, convencional. Eso sería la felicidad absoluta, lo diga Aristóteles, Nietzsche, Gracián o Belén Esteban.
      Un beso

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      • Quizá sea una paradoja, Antonio, no soy feliz pero soy alegre. La sonrisa es mi mejor baza, ya sea en el trabajo o en mi vida diaria.
        Gracias por tu explicación, me siento empequeñecida ante lo que tú sabes, pero intento asimilarlo todo, me gusta aprender.

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      • Que va, yo no se nada. Simplemente me he documentado un poco. No quiero decir muchas barbaridades.
        Eso le decía a Virginia, yo no creo ser feliz, pero estoy contento. No lo veo paradójico. Quizá solo esté equivocado y la felicidad sea otra cosa. De eso va el post.

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      • Es algo más complicado que estar contenta, en mi caso, yo no estoy contenta con mi vida, pero soy alegre, pienso que, ya que la vida ha sido bastante puñetera conmigo, no le voy a dar el gusto de hundirme, que hay que seguir adelante y mejor con una sonrisa, voy a ser igual de infeliz por dentro, pero voy a transmitir alegría a quien está a mi alrededor.
        Por algún sitio tengo escrito que una sonrisa invita a otra sonrisa y yo, que trabajo cara al público, me doy cuenta la importancia de una actitud alegre, incluso cuando la gente protesta (que es muy a menudo) la amabilidad y la simpatía les suaviza mucho.
        Y ya dejo el rollo para otro día, Antonio. Discúlpame.

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      • Es un placer leerte/escucharte, siempre. Nada de rollo. Es cierto lo que dices, la música amansa a las fieras, y a los clientes o usuarios les despista (y agrada) una actitud como la tuya.

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  4. Yo creo que la felicidad siempre está ahí, pero no sabemos verla. Y de repente te das cuenta de que eras feliz, solo que no lo sabías. Quizá en estos momentos en los que te crees infeliz, dentro de un tiempo los veas de esa manera.

    Es jodida la felicidad. Yo era feliz en mi infelicidad. Hasta que me di cuenta. Y ahí se jodió la Francia. Y no me importa que todos piensen que me he dado a las drogas.

    No sé si tiene sentido lo que acabo de decir o son una sarta de sandeces. Todo puede ser. Pero soy feliz al decirlo, al no callarlo. Loca? A lo mejor. Yo qué sé!

    El texto, cojonudo, Antonio. Para quitarse el sombrero. Un besazo, a ver si te hace un poquito feliz 😊

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    • Un poquito, no. Un montón. Y por tanto, hemos de concluir que si la felicidad la puede lograr un comentario agradable en un post, tenemos la herramienta definitiva para sembrar la felicidad por doquier, al menos en el universo blogger.
      La infelicidad que causa el hecho de ser consciente de que no eras feliz, lamentablemente no es tan efímera como para que se pueda compensar con los momentos felices, salvo que éstos sean muchos y crónicos.
      Ergo, el hecho de haber sido feliz o infeliz no es tan relevante como el de establecer el definitivo propósito de serlo de ahora en adelante, aunque sea a base de acumular momentum felices.
      Yo creo que lo he dejado cristalino 🙂 🙂 🙂

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    • El elogio del texto es lo que me hace feliz, Ana.
      El besazo, simplemente me hace levitar de felicidad.

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  5. ¡Muy bueno!
    Tienes imán en las palabras. Me gusta mucho cómo desarrollas tus relatos.
    En cuanto a la felicidad, está en lapsos y son inyecciones de vitalidad para afrontar la cotidianeidad. Por lo menos, así lo veo yo.
    ¡Ah! El catálogo…siempre hay algo que nos enciende por unos instantes, así como la dama que completó esa felicidad momentánea.
    Dije bueno, pues no… ¡Excelente, Antonio.
    Feliz descanso.

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  6. La felicidad es intermitente, como la luz naranja de un semáforo. Pero haberla hayla, aunque sea a ratos.

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  7. No voy a hablar de mí porque ya sabes… (con leerme es suficiente) 😉
    Qué bueno, me he encantado seguir el relato a consciencia. No se te escapa detalle, me meto en tus relatos como buceando, jaja. Gracias!
    Abrazos de los míos, infinitos!

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    • Muchísimas gracias. Es un honor . A veces el relato te arrastra a aguas procelosas, a veces te mantienes a flote. Lo que sí que ha conseguido es que algunos lectores/escritores confiesen públicamente su infelicidad, lo que por otro lado, es absolutamente consustancial (¡dónde se ha visto que un escritor sea feliz! Si eres feliz, no escribes, simplemente retozas en verdes prados, admiras las mariposillas del campo y acaricias mullidos corderitos, enfundados en sus blancas lanas, no te pones a aporrear el teclado furiosamente, como hacemos nosotros, por las noches, los fines de semana y cada vez que tenemos un rato. 🙂 🙂 🙂

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      • Jajajaja, ese es un mito bien establecido y creído. Como que si no bebes cual Hemingway, o no fumas todas las hierbas que hay en el mercado, no hay musas ni palabras que puedan salir de un cerebro consciente. Ala, que algunos escribimos justamente porque somos felices (es consecuencia y desvarío de querer compartir felicidad, no lo opuesto). Pero entiendo tu punto, es lo que se ve en la mayoría. 😉
        Me encantó el relato, justamente porque para descubrir personajes no hace falta haber vivido lo mismo, ni saber a ciencia cierta si son felices o no. Tú los muestras con su psiquis y sus dudas, y ahí están: revelándose. Y eso vi en tus líneas. Creo que no sabe ni dónde está parado, pero sabe que no sabe. 😉 ¿me explico? no me hagas caso; yo te he entendido perfecto!
        Abrazos infinitos!

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  8. Cualquiera que sea capaz de citar a Nietzsche con criterio merece mi respeto. Sólo los locos sabemos el porqué

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    • Cuanta razón llevas . Como explicar a los cuerdos que un loco como Nieztsche ha escrito cosas mucho más útiles y sensatas que la mayoría de los filósofos o escritores

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      • Uno de los libros con más prosa poética de calidad que se puede leer a la par que aprender mucho sobre la humanidad, es Así habló Zaratrusta. Lo malo es que muchos miles de idiotas lo han interpretado de mil maneras menos como realmente se debe interpretar: un canto al ser humano, a la vida.

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      • Coincido al 100%, es una grandísima obra, muy pervertida en su mensaje

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      • Hace un rato estaba viendo en YouTube como un joven dizque filósofo marxista criticaba la obra de Nitzsche por ser para adolescentes. Y da clases de filosofía en la Universidad el chaval. Hay veces que es mejor cortarse las venas. Para adolescentes la obra del quizás pensador más influyente para las generaciones de filósofos del siglo XX. En fin.

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      • Igual se refería a que hay que analizarla con la jovialidad y la capacidad de aprendizaje de un adolescente, y no a la de un viejo prepotente prematuro

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      • No. Se refería a que era una obra para adolescentes, y que entendía que hasta los 17 años o así despertase admiración, pero ya siendo un poco más maduros carecía de sentido. Claro que de rondón también ninguneó a Antonio Escohotado, a Herman Hesse, Aun Rand y un largo etcétera. En estos momentos parece que esto es lo que impera y que nada es válido salvo es eslogan de haz lo que te de la gana porque el mundo es tuyo.
        Quizás a mí me ocurra que sea un viejo prepotente prematuro y mi ceguera me impida ver el nuevo mundo; esta Arcadia feliz donde parece viven los demás. Pero por lo pronto, me fío más de quienes han demostrado y aportado conocimientos, que de aquellos que se dedican a destruir la vieja sabiduría sin ofrecer nada a cambio.
        Nietzsche reflejó muy bien lo peligroso del nihilismo. Lástima que incluso aquellos que se llaman maestros no tengan el espíritu plagado de ganas de conocimiento.

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      • Si alguien busca la excelencia en el estudio del pensamiento, debe leer, respetar y por supuesto, criticar a Nietzsche. Caso contrario es un mentecato filósofo de salón, que es lo que parece ser el youtuber al que haces referencia.

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      • No es un youtuber. Es profesor de filosofía en no me acuerdo qué Universidad pública. Además de conferenciante, ideólogo de Podemos y, según él mismo, “axesual”. Y sus manifestaciones fueron en una extensa entrevista en un programa donde se defienden posturas libertarias. Sí, profesor universitario de filosofía ninguneando y ridiculizando a Nietzsche y a Escohotado, entre otras figuras del pensamiento universal. Y no es lo peor que me encuentro dentro de la fauna académica universitaria.

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      • Declararse asexual lo dice todo. Te puedes borrar de muchas cosa, pero coño, del sexo…

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      • Según parece, del sexo y de la capacidad de razonar.

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      • Ah, pero de lo último hay muchos más. Solo tienes que ver algún reality o tertulia televisiva

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  9. podrá ser que la felicidad dependa de uno mismo !! en lo personal creo que encontré el equilibro y por ende mi felicidad, al darme cuenta que primero debía tener lo que estaba repartiendo. si contra toda lógica de conceptos arraigados de nuestros padres que nos decían que un hombre debía de entregarse por completo a su familia haciéndolos felices, y me lo creí ! y viví 25 años haciendo su vida mas placentera pero la mía no lo era, creo que volví a renacer a los 50 años hice muchos cambios y ahora puedo decir que soy feliz hago lo que me gusta yo manejo mis tiempos y aunque tengo alumnos de artes marciales, (que es el único horario que respeto) para todo lo demás no me manejo con horarios para ninguna cosa que deba hacer, hago las cosas cuando tengo ganas de hacerlo y desayuno , almuerzo, ceno, cuando tengo ganas, no me rijo por un horario y a todos los que necesitan mi ayuda se la ofrezco y los ayudo preparándoles algún remedio casero o cuando quieren ser escuchados por algún problema, estudio leo mucho escribo y juego con mis animales, esta es mi vida simple sencilla y me gusta y me siento bien y puedo levantarme de la cama y sonreír, algo no había hecho durante mucho tiempo

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